30 mar 2020

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TRAS EL 1-O

Ciudadanos participan en el referéndum del 1 de octubre pasado en el Ateneu de Igualada.

MARC VILA

Tener presente a Aristóteles

Josep Maria Fonalleras

La trascendencia del referéndum (el solo hecho de que se llevara a cabo, los votos emitidos, la movilización ciudadana) radica en la fuerza moral que se desprende de él

El Gobierno francés emite un decreto gracias al cual se facilita la posibilidad de que las empresas ubicadas en Marsella trasladen su sede social a Burdeos. El desorden es fenomenal. ¿No considera el Elíseo que Marsella y Burdeos forman parte del mismo estado? ¿Qué interés tiene a beneficiar a Burdeos frente a Marsella? Esta situación ridícula (y falsa, por supuesto) acaba de pasar en España.

El Gobierno promueve que las empresas se vayan de Catalunya (o al menos les allana el camino), de tal modo que solo podemos pensar que comete una injusticia monumental o que considera que Catalunya ya no es territorio español. O que juega a provocar un caos económico, "una prolongada incertidumbre" que, según el FMI, "podría pesar sobre la confianza y las decisiones de inversión en España".

Los "abducidos" del fiscal Maza

Alguien hizo una broma, en Internet, diciendo que ya se veía venir que, una vez desenterrado Dalí, el mundo se llenaría de surrealismo. Vivimos en este estado. Un estado que considera a una parte de sus ciudadanos como enemigos y que los tacha, como mínimo, de "abducidos", es decir, sin conciencia política individualizada.

Miquel Iceta, nada sospechoso de sedición, tuvo que recordar al fiscal Maza que "las abducciones se producen cuando un extraterrestre secuestra a una persona". En el fondo, sin embargo, Maza sabía lo que decía, porque es una de las estrategias más habituales en casos como estos. Al no poder hacer frente a la idea de una comunidad organizada y con criterio, intenta crear la percepción de una masa descerebrada y, por tanto, susceptible de ser reprimida, policial o judicialmente.

Más que 'honrar' a los votos, en estas horas cruciales, prefieron pensar en entenderlos como potencia, en el sentido aristotélico

Pero resulta que los más de dos millones de personas que votaron en unas circunstancias como mínimo complicadas (y sé que me quedo muy corto, porque no quiero hacer ahora un memorial de agravios, de golpes e insultos, vejaciones, violencias, estrategias, logísticas y marrullerías) estos ciudadanos que no cometían ningún delito, digo, no eran, ni son, una mafia, ni un grupo de terroristas, ni una entelequia creada en un laboratorio.

Un activo político de alto nivel

Como ha escrito David Fernández, "queriendo ser república, hemos aprendido a ser pueblo". La trascendencia del referéndum (el solo hecho de que se llevara a cabo, los votos emitidos, la movilización ciudadana) radica en la fuerza moral que se desprende de él. Persistente y sólida. No puede ser despreciada o ignorada, porque es un activo político de alto nivel y porque es la evidencia de un clamor colectivo.

Alguien ha hablado de "honrar a los votos", que es una expresión que no me acaba de convencer porque tiene una connotación épica en exceso. Más que "honrarlos", en estas horas cruciales, prefiero pensar en entenderlos como potencia, en el sentido aristotélico. Lo que es determinante es el cambio, es decir, el paso de la potencia al acto: "El bronce es estatua en potencia", explica Aristóteles. El trabajo del escultor determina en qué momento (el “momentum” político, en nuestro caso) lo que era posible se convierte en una forma que hasta entonces era solo un necesario, imprescindible magma que después permanecerá, formalizado, en la escultura.

Quizá me complico la vida, ahora, pero espero que se me entienda.