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El tratamiento a lo chiringuito de las ideas políticas del central es el espejo convexo de la información política

Hoy puede sonar a batallita, pero hubo un tiempo no tan lejano en que quien informaba de un equipo de fútbol lo hacía sin la camiseta y la bufanda puestas. Por supuesto, no resultaba difícil intuir de qué bandera cojeaba cada periodista, pero en términos generales se imponía la doctrina de la mujer del césar: el discurso predominante a la hora de informar era el de la imparcialidad, ya que al menos había que aparentarlo.  Pasó el tiempo, y una nueva tendencia informativa se abrió paso: solo tenía credibilidad informando del Real Madrid --por poner un ejemplo-- alguien que se declarara blanco blanquísimo. La lógica era aplastante: un reportero azulgrana hablaría mal del Madrid por definición. De ahí a los chiringuitos actuales solo hubo una natural evolución que afectó no solo al periodismo deportivo. Hoy, la información se hace en gran medida con la camiseta ideológica puesta. Una cosa es una línea editorial; otro asunto son las orejeras ideológicas.

Opinión exprés

Piqué, el jefe del Estado

Eloy Carrasco

Periodista

El deporte, y la información deportiva, son una de las principales expresiones del nacionalismo banal, concepto sociológico que se refiere al conjunto de mecanismos  por que las que se recuerda de forma rutinaria, casi inadvertida, a la población su pertenencia a una nación. Ejemplos los hay muchos, desde la transmisión en primera persona del plural ("estamos jugando bien pero no debemos confiarnos") de un partido de fútbol hasta la identificación con banderas, escudos, etcétera. En la información deportiva se toleran y hasta se aplauden unas hipérboles de nacionalismo banal que en la información generalista solo se encuentran en medios alejados del ‘mainstream’. O se encontraban, pues entre las muchas rupturas (sociales, políticas, económicas, ciudadanas….) que está generando la crisis en Catalunya la periodística no es de las más pequeñas.  Pocos temas generan consenso en la sociedad catalana en estos momentos; uno de ellos sería la crítica genérica de que la prensa informa con la camiseta puesta y que ha abdicado de forma escandalosa de su responsabilidad social.

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Y en estas, llegó Gerard Piqué. Y fue la prensa deportiva --con sus códigos, sus rutinas productivas, su léxico bélico-épico, sus trazos gruesos, sus blancos y negros, su estigmatización del equidistante (¿fue penalty o no?, no caben medias tintas)-- la que se encontró con la patata caliente en su regazo. La rueda de prensa del central del Barça de esta semana es digna de escuchar no por sus respuestas (que también), sino por las preguntas. ¿Te has planteado dejar la Selección?; ¿Qué mensaje le manda a la afición que duda del compromiso?; ¿Te arrepientes de lo que dijiste?; Mezclar política y deporte es peligroso, pero lo mezclaste… El tratamiento de los abucheos en los informativos también merece análisis semiótico propio. Lo mejor: esas capturas en que se transcriben los “insultos” que recibe Piqué. El principal: “catalán”. A Piqué se le ha crucificado en la prensa no catalana por mezclar política y deporte en la misma medida en que se elogió a Rafa Nadal o a Sergio Ramos por mezclar política y deporte. Los dobles raseros practicados con él han sido escandalosos.

Tóxico

El referéndum de Piqué ha sido, pues, el espejo convexo de la información política.  En el terreno de juego deportivo, las orejeras ideológicas de cada cual en esta crisis de Estado se lucen sin complejos, a pecho descubierto, fieles al cliché de que el deporte (y sobre todo el fútbol) es una forma civilizada de librar una guerra. Lo que resulta alarmante es que en lo referente a Catalunya, en según qué medios a veces no hay ninguna diferencia entre las noticias de política encabezadas por Puigdemont y las de deportes acaparadas por Piqué.  “Mezclar política y deporte es peligroso, pero lo mezclaste”. Sin duda. Aunque mucho más lo es mezclar política y según qué periodismo.

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