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ANÁLISIS

Gerard Piqué, junto a otros jugadores de la selección española en Las Rozas.

EFE / BALLESTEROS

El gol que esperan de Piqué

Antonio Bigatá

Una opinión estrictamente mía: me habría desagradado profundamente que el Barça hubiese jugado contra Las Palmas, el día 3-O, la tarde del paro generalizado en protesta de los excesos policiales contra catalanes en actitudes pacíficas, a puerta abiertas o con puertas cerradas y TV para desactivar algo las calles. Otra opinión: también me habría desagradado que el Barça hubiese jugado con normalidad el domingo, el día 1-O, cuando ya se conocía que se estaban produciendo. Una tercera: no era estrictamente necesario que el Barça se adelantase por su cuenta en dos días a la lamentación casi general  que hubo luego en Catalunya por aquellos hechos, aunque el mismo domingo era forzoso expresar el cabreo de alguna manera.

Consecuentemente con lo anterior me pareció razonable lo que hizo el club. Lo de intentar aplazar el encuentro, aun corriendo el riesgo de que el franquismo que late en la Liga Profesional y la Federación Española fijase entonces el partido para el miércoles de la protesta, lo cual habría llevado a un choque frontal no respaldado formalmente por el conjunto de los socios y seguidores. Y me pareció razonable que ante la imposibilidad de conseguir un aplazamiento normal decidir jugar con el estadio vacío. Haré algunas consideraciones: con esta decisión se regateó el deseo de la estructura madrileña del fútbol de forzarle a adoptar una mala decisión o a sufrir la muy deseada por ellos pérdida de seis puntos. Y regateó asimismo la incomprensible decisión de los Mossos que, por detrás, aún no han explicado por qué aconsejaron suspender por razones de seguridad la actividad futbolística en toda Catalunya salvo en el lugar donde había el riesgo más concreto de incidencias trascendentes.

La decisión de Bartomeu de jugar a puerta cerrada me parece responsable, seria y respetuosa con la línea ideológica del club

Todo es discutible en la vida, pero a la luz de este panorama la opción decidida por Josep Maria Bartomeu me parece responsable, seria, y además respetuosa con la línea ideológica que siempre ha mantenido el club. Entiendo y acepto asimismo lo que puedan pensar y lo que han expresado los discrepantes con ello, aunque en algunos momentos la opinión publicada me ha parecido más relacionada con la guerra civil mediática intestina que padece la entidad desde la última etapa de Jan Laporta.

Una de las características del actual mundo de la comunicación es que mucha prensa no se limita a informar y opinar, sino que presiona para intenta ser obedecida por quienes han sido elegidos democráticamente para dirigir temporalmente las entidades. Este dato es importante en la actual vida blaugrana. Al final del mandato de Bartomeu y su junta los socios deberán decidir sobre su continuidad y hay bastantes cuestiones criticables en su gestión (la social, la deportiva, la ideológica, la económica) además de sus aciertos. Sabemos todos, ya desde ahora, que serán unas elecciones trascendentales y apasionadas. Pero al Barça, rodeado de poderosísimos enemigos exteriores, le conviene que los pulsos interiores queden para ese lógico momento electoral y no se conviertan en zancadillas entre hombres y mujeres con la misma camiseta.

El 'caso Piqué' demuestra lo mucho que empujan hacia la desestabilización los enemigos ya no del Barça sino de la verdad y el sentido común

Vale la pena fijarse bien en el 'caso Piqué' para saber lo mucho que empujan hacia la desestabilización los verdaderos enemigos no ya del Barça sino de la verdad y el sentido común. Al principio, básicamente por burlarse jocosamente del Real Madrid manipularon groseramente para que pareciese que su desdén era contra todo lo español. A continuación, por su naturalidad al no disimular ni sus principios ni sus sentimientos le convirtieron en icono para lanzarle dardos desde la anti-Catalunya y el antibarcelonismo. Y eso hasta unos niveles literalmente bestiales y suicidas. Porque parece claro que a medida que Piqué consigue poder explicar con detalles matices complejos sobre todo lo que está pasando, los adversarios incrementan su deseo de que el jugador al final estalle y se meta a propósito un gol en propia meta jugando con la selección. Les gustaría mucho. Los irracionales pretenden cosas así. Y eso ya no es fútbol, son cosas generales de la vida y cosas específicas de las almas miserables.

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