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Órdago independentista

La patria en peligro

Borja Vilallonga

Algunos miembros del Club Churchill, frecuentado por Xavier Vendrell, Joan Puigcercós, Joan Maria Piqué o David Madí, se estarán frotando las manos

Llegó el 1 de octubre y los catalanes votamos en el referéndum de autodeterminación que la Generalitat de Catalunya convocó. Llegó el 1 de octubre y las fuerzas de seguridad españolas repartieron golpes a un pueblo pacífico que ejercía una desobediencia, sí, pero que a la vez ejercía un derecho democrático inalienable.

Llegó el 2 de octubre y dejaba un sabor agridulce. Los catalanes nos centramos más en denunciar la represión que no en defender el resultado del referéndum. Había habido una victoria abrumadora del 'sí', pero también se había secuestrado un porcentaje importante de urnas con votos. La quiebra comunicativa del Govern dejó desamparado el dato más importante: la participación. Todavía hoy no queda claro si se secuestraron o no 770.000 votos, lo cual llevaría la participación a un crucial y legítimo 58%.

Llegó el 3 de octubre y la huelga general estalló, el pueblo catalán volvió a salir pacífica y festivamente a la calle. Catalunya se paralizó, como en los mejores tiempos de las históricas huelgas generales. Un escalofrío interclasista volvió a vertebrar Catalunya bajo el clamor de democracia. Con todo, el Govern desapareció. Puigdemont se hizo escurridizo. Solamente el rey Borbón vino a hacer de Felipe.

Acabó el 3 de octubre, no había resultados definitivos, habían pasado las 48 horas y el Parlament no se había reunido ni se había proclamado la independencia. Catalunya había perdido el momento.

La neoautonomía

Es posible que Catalunya esté dilapidando los grandes activos acumulados entre el 1 y el 3 de octubre. La pérdida nacional catalana es la ganancia de unos cuantos, los que compran tiempo para hacer proclive el advenimiento de la neoautonomía. De aquí nacen los movimientos ansiosos de mantener unas migajas en exclusividad. Los miembros del 'club del puro' -sobrenombre del barcelonés Club Churchill que acoge a gente de toda clase- se frotan las manos al recordar los pactos con Madrid y ciertos abogados del CNI estratégicamente prebendados en el independentismo. Es un club frecuentado, entre muchos otros, por Xavier Vendrell, Joan PuigcercósJoan Maria Piqué o David Madí. Ante la fuerza pública y notoria del independentismo, el neoautonomismo se enroca en los pactos de siempre.

Carles Puigdemont está muy solo. Se sabe, se palpa, se ve. Tiene al pueblo, sí. Tiene la determinación, también. Pero flaquean un gabinete, unas fuerzas políticas y algunos liderazgos. Hay demasiada codicia de las migajas. Hay demasiadas conspiraciones de la corte. El delicado momento exige transparencia popular y un calendario fiel al espíritu de las victorias del 1 y 3 de octubre. Cualquier retraso será contraproducente, incomprendido y aprovechado por las fuerzas unionistas.

El año 1792 la Asamblea Nacional revolucionaria francesa proclamó la 'Patrie en danger' -la patria en peligro-. El espectro del neoautonomismo pone en peligro todos los éxitos que el independentismo ha conseguido democráticamente y por poder popular. La futura república catalana nonata tiembla después que el pueblo la haya escogido masivamente. Toca defenderla en su hora más capital.

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