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IDEAS

Kazuo Ishiguro: seis razones para un Nobel

Neil Hall / Efe

Kazuo Ishiguro: seis razones para un Nobel

Javier Aparicio Maydeu

Kazuo Ishiguro (1954), Premio Nobel 2017. Y ¿por qué? Tal vez se deba a:

1. Es un escritor de raza y no de conveniencia. Escribe cuando quiere de lo que quiere y parece que ve de lejos el mercado editorial a juzgar por el hecho de que muchas veces transcurre un lustro entre novela y novela, una eternidad en términos comerciales en tiempos en que o eres prolífico o eres pretérito.

2. Su narrativa es libre y está en guerra contra el cliché, como diría su compañero de generación, Martin Amis. Juguetea con los géneros pero no se compromete con ninguno: atisbos de falsa autoficción en 'Pálida luz en las colinas' (1982), la invención de un fragmento de posible pasado personal; crónica social en 'Un artista del mundo flotante' (1986); 'Los restos del día' (1989), una novela victoriana del siglo XX; 'Cuando fuimos huérfanos' (2000) es un ejercicio de falsa novela negra; 'Nunca me abandones' (2005) indaga en la condición humana desde un engañoso relato de ciencia-ficción, emociones ficticias y biotecnología; 'El gigante enterrado' (2015), su última novela, es un 'revival' o una versión 'vintage' de la narrativa del ciclo artúrico, un experimento de novela histórica en la Inglaterra medieval. Su obra es el catálogo de géneros y nichos de un autor de 'upmarket'.

3. Es un maestro de la ambigüedad y la elipsis: seguramente se premia su capacidad de decir sin escribir, de involucrar al lector en la resolución de los conflictos que se ocultan en el interior de sus páginas. Parece que cuente historias, cuando en realidad solo las insinúa. Le interesa más, como dice Edward Said en 'El mundo, el texto y el crítico', 'contar' la historia que contar la 'historia'.

4. Le puso cara y ojos, después del mítico Charles Kinbote de 'Pálido fuego' de Nabokov, al concepto teórico de 'narrador no fiable' en 'Los restos del día', que dio origen a la magnífica película protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson: no es el narrador que miente, sino el que cuenta en el texto lo que el lector no cree estar leyendo…

5. Aplicando el concepto que concibió en su día Juan Marsé con más razón que un santo, no es un autor que utilice la 'prosa sonajero', ni es de esos a los que les gusta más ser escritor que escribir, ni le importa que la crítica con frecuencia le eche en cara que escribe como lo haría un autómata.


y 6) Escribe para lectores proactivos que se obligan a no ser prejuiciosos, y escribe sin copiarse jamás a sí mismo. Dicho de otro modo: pareciera que cuando escribe su siguiente obra ha olvidado por una amnesia congénita cualquier obra suya anterior.

Fantasía, distopía, ambrosía, porfía, añagaza y orfebrería. Con música de piano de fondo, culturas en conflicto y poca teoría y mucha maestría.

*Profesor de Literatura Española y Literatura Comparada de la Universitat Pompeu Fabra, crítico literario y autor de 'Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro'.

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