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IDEAS

Patrick McGoohan, con The Village al fondo, en una imagen de El Prisionero.

Aquel prisionero, medio siglo después

Miqui Otero

Es prisionero quien está encarcelado, pero sobre todo quien así lo siente y quiere escapar.

Hace ahora 50 años se estrenó 'The Prisoner', mi serie de culto británica favorita. Esto sucedía cuando las series eran eso-que-echan-por-la-tele-mientras-bato-huevos-para-la-tortilla y no lo-que-escribiría-Shakespeare-si-hoy-estuviera-vivo. En una época en que el riesgo en la ficción televisiva era similar a la audacia en la gastronomía inglesa. En esos años de guerra fría y explosión colorista pop. Ahí y entonces, se emitió una serie existencialista y psicodélica, entre Kafka y James Bond. Fue un éxito masivo que ha influido en muchísimas grandes series recientes.

En la época de 'El Prisionero', el riesgo en la ficción televisiva era similar a la audacia en la gastronomía inglesa

'El Prisionero' es un agente secreto británico que, harto de todo, presenta su renuncia. Cuando regresa a casa lo sedan y reaparece en una villa algo kitsch con más tonos pastel que una taza de Mr Wonderful. The Village es, en apariencia, el lugar ideal: con mar, gente exquisitamente vestida que se mueve en carritos de golf y una (en teoría) democracia representativa. El Prisionero es el típico hombre que sabe demasiado: su información es tan valiosa que matarlo no es una opción, así que lo someten a mil experimentos para que desembuche. No lo hace, y, además, quiere escapar: corriendo, en una barca precaria, con una partida de ajedrez humana e incluso con un proceso electoral que se revela como inútil. Cada conato de huida provoca (o evidencia) un nivel más de opresión de The Village. La frase más conocida del Prisionero es "No soy un número… ¡Soy un hombre libre!" y lo grita porque le han quitado la identidad, la memoria, la ropa y hasta el nombre, que han sustituido por Number 6, por el sexto día de la Creación, cuando Dios se inventó al ser humano.

En la época de 'El Prisionero' se hablaba de escalada nuclear y destrucción mutua asegurada. La serie, que no critica al bando comunista sino a los dos, se volvió tan complicada que el final no lo entendieron ni sus fans más acérrimos. Y yo estos días pienso en todo eso. En ese Número 6. Y en esa frase de Mark Twain: "El hombre es una criatura que Dios creó al final de una semana laboral, cuando ya estaba cansado". Y así le salimos.

Temas: Series

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