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Internet y libertades

La 'poscensura' en las redes

Carles Sans

La silenciosa mayoría ha encontrado una voz despiadada que hace de la deshonra una nueva forma de control social ciertamente peligrosa

La agitación social y política que vivimos estos días, con miles de comentarios en Twitter, avisos por WhatsApp y numerosos 'memes' que bromean o se burlan de unos y de otros, me ha hecho pensar en el libro de Juan Soto Ivars 'Arden las redes', que leí con mucho interés durante mis casi olvidadas vacaciones. Es una obra interesante que habla sobre la fuerza de la opinión de determinados grupos acerca de cualquier asunto mediante las redes sociales. Estas, que nacieron como la conquista definitiva de la libertad de expresión global, rápidamente se han ido transformado en una herramienta de represión de grupos organizados -da igual si se trata de feministas, católicos o activistas de izquierdas o derechas-, cuyos juicios implacables persiguen, por medio de todas las aplicaciones posibles, a todo aquel que consideran persona inapropiada por defender un criterio opuesto o, según ellos, inapropiado.

Ivars presenta diversos casos de personas públicamente juzgadas, acosadas e insultadas hasta extremos en los que alguno ha tenido que verse expulsado de las redes, algo menor si lo comparamos con los que han perdido su puesto de trabajo o con los que incluso han tenido que cambiar de país. Según el autor, hasta ahora la concepción básica de la censura provenía del totalitarismo, que ejercía el poder mediante unas leyes que lo sustentaban; bajo la acuñación 'poscensura' surge actualmente a través de internet un fenómeno espontáneo y desordenado de silenciamiento de la libertad.

Si bien la existencia de internet supone la posibilidad de expresarse con total libertad, vemos ahora que se trata de una herramienta controvertida que favorece uniones de conveniencia ideológica, cuya fuerza se hace imparable especialmente en aquellos casos en los que consigue llegar a los medios de comunicación, convirtiendo en algunas ocasiones a estos últimos en responsables del linchamiento de la víctima. Es este un asunto muy serio, porque, como escribe Ivars, la silenciosa mayoría ha encontrado una voz despiadada que hace de la deshonra una nueva forma de control social ciertamente peligrosa.

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