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Análisis

El poder de las imágenes

Enric Marín

El balance del 1-O es muy negativo para Rajoy y lo que representa


El mundo de las comunicaciones globales en red invita a la hipérbole. En fútbol y en política. Cada año hay partidos del siglo y jornadas históricas. Ayer, sin embargo, se vivió una jornada histórica real. Un cambio de ciclo en Catalunya y en España, con derivadas internacionales.

A pesar de la obscena violencia policial, muchos catalanes han votado. La disyuntiva a la que se enfrentaba el Gobierno de España era irresoluble. O extremaba las medidas represivas, a riesgo de caer en un descrédito internacional penoso, o la coerción adoptaba un perfil menos intenso, a riesgo de no abortar totalmente la votación. En la primera semana de la anómala campaña optó por la línea más dura. Todo había sido largamente planificado: detenciones de cargos gubernamentales, llegada masiva de cuerpos de seguridad del Estado, intimidación a medios, intervención de la correspondencia, etcétera. Pero vista la formidable reacción popular y la alarma de la opinión pública internacional, en la segunda semana de campaña no se concretó la prevista escalada de las medidas represivas. Finalmente, sin embargo, el diseño coercitivo se descontroló ayer bajo la atenta mirada del mundo. Un síntoma más de la desorientación de los poderes de Estado en el enfoque del conflicto democrático con el soberanismo catalán. El balance final es muy negativo para Rajoy y los intereses que representa. Han hecho méritos sobrados para someter a una erosión severísima la imagen internacional de España, sin poder impedir la expresión de la voluntad democrática de la ciudadanía de Catalunya. Esta vez las imágenes lo dicen todo, y de forma inapelable.

Efectos contraproducentes

En todo este proceso, el papel de los medios de comunicación ha sido clave. El PP ya se equivocó penosamente en el 2004 con los atentados de Atocha, y lo ha reeditado de forma más grave este 2017. Sorprende tanta incompetencia. En la época de la autocomunicación de masas, el control de los medios tradicionales que operan desde Madrid sigue siendo eficaz para condicionar la formación de la opinión pública española, pero ya no lo es para incidir positivamente en la opinión pública catalana e internacional. La 'espiral del silencio' a la que se ha visto sometida la sociedad española ha tenido unos efectos fuertemente contraproducentes en Catalunya y en el resto del mundo. Basta con pensar en el episodio del «a por ellos».

Un fracaso augurado

Sin duda, los hechos de estas semanas y meses serán terreno abonado para la investigación académica en el campo del periodismo y la comunicación. Sin entrar en más consideraciones, la misma arquitectura de los relatos enfrentados ya auguraba un fracaso rotundo de la posición del Gobierno de España: la razón autoritaria de una legalidad violentada, enfrentada a la reivindicación cívica, masiva y pacífica del derecho a la autodeterminación. Mal asunto para los abogados del Estado travestidos de estadistas. Querían ganar por 10 a 0 y han perdido hasta la camisa. Después de hacer política de tierra quemada en Catalunya, Rajoy es un cadáver político. Desde ayer ya es inútil negar que Catalunya es sujeto político. 

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