Análisis

Yo también quiero votar

Somos muchos los que defendemos la reforma de la Constitución para que recoja los derechos de Catalunya y garantice una financiación justa

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Manifestantes ante la sede de la Conselleria d’Economia, en la rambla de Catalunya de Barcelona.

Manifestantes ante la sede de la Conselleria d’Economia, en la rambla de Catalunya de Barcelona. / FERRAN SENDRA

Nuestro país vive una de las etapas más complejas de las últimas décadas, con la convocatoria, por parte de la Generalitat, de un referéndum unilateral sobre la independencia de Catalunya que ha suspendido el Tribunal Constitucional.

El referéndum de este domingo es el fracaso de la política, es la democracia sin diálogo, es el resultado de cinco años en los que el gobierno de España y el gobierno de Catalunya lo han hecho todo para favorecer el desencuentro. Y los últimos meses y semanas son el resultado de convocar un referéndum fuera del marco legal (el gobierno de la Generalitat) y de pensar que, solo con la justicia, se pueden resolver los problemas políticos (el gobierno de España).

Si un símbolo de la democracia son las urnas, el resultado de las urnas son las leyes y los gobiernos que las cumplen. Urnas sin leyes ni garantías no son democracia ni libertad. La ley y la justicia son imprescindibles y son condiciones del Estado de derecho. Pero solo con la ley y la justicia no se resuelven los problemas de los ciudadanos. Existe la Política con mayúsculas.

Otros modelos

Yo también quiero votar, pero, en un referéndum que no se limite a elegir entre independencia sí o no y que dé derecho a elegir otros modelos de relación entre Catalunya y el resto del Estado; unos modelos que, previamente, hayan sido dialogados, acordados y pactados entre las fuerzas políticas y los gobiernos, y que, estos, sometan a referéndum entre la ciudadanía. Una forma de hacerlo, es la reforma constitucional.

Porque todas las posturas son respetables: la independencia, el Estado autonómico o la que muchos defendemos: reformar la Constitución para que recoja los derechos de Catalunya (lengua, cultura e instituciones) y garantice una financiación justa.

Precedentes históricos

Si analizamos la historia, veremos que el autogobierno de Catalunya ha hecho los grandes saltos cualitativos tras procesos de negociación con el Estado incluyendo, a veces, cambios constitucionales. La Mancomunitat de Catalunya requirió un largo proceso de negociación con el Estado, aprobado en las Cortes y culminado en 1914. El Estatut de 1932 requirió el Pacto de San Sebastián y la nueva Constitución del 31.

El Estatut del 79 se aprobó tras la Constitución del 78. Finalmente, el Estatut del 2006, uno de los orígenes de la actual crisis, ahora puede requerir una reforma constitucional que incluiría un referéndum. Y es que una crisis derivada de un Estatut votado por los ciudadanos y enmendado después solo se puede superar con otra votación, pero dentro de un marco legal

La vía del diálogo

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El autogobierno solo avanzará con seguridad jurídica y dentro del Estado de derecho, principios ausentes en el referéndum de mañana, aprobado en una sesión del Parlament que ha quedado, tristemente, para la historia. El diálogo es la única solución; no la desobediencia ni, solo, la acción de la justicia. Como alcalde, deseo y confío en la convivencia, en el civismo y en el respeto a las leyes y las instituciones el día 1 de octubre. Y que, a partir del día 2, se instauren en nuestro país la serenidad y la calma, la cordura y el diálogo.