Ciencia y salud

El 'ipê' amarillo

Las propiedades curativas del bello árbol brasileño son otra demostración del valor de la biodiversidad

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El 'ipê' amarillo

Un superlativo es siempre una exageración, pero acabo de sucumbir a la tentación paseando la semana pasada por la calle capital federal del barrio de Sumaré de la ciudad de Sao Paulo en Brasil. En primavera florece por aquellas latitudes un árbol imposible que se prodiga de vez en cuando en sus calles. Es el 'Tabebuia aurea' más conocido como 'ipê'. Justo en esta época el árbol se presenta sin hojas, solo ramas oscuras sosteniendo delicadas y luminosas flores amarillas. Ese es su secreto: las flores estallan antes de que el follaje brote para enmarañarlo todo. Si uno entorna un poco los párpados para desenfocar la escena a contraluz, se diría que el árbol se transforma en una estructura de hierro negro repleta de bombillas encendidas.

Se puede ver un 'ipê' adolescente y escuálido que asoma por detrás de una tapia presumiendo solo de una o dos flores y se puede ver también un venerable 'ipê' veterano cuya fronda se desparrama teatralmente por encima de la frenética circulación urbana. Los niños las señalan con el dedo desde los autobuses escolares. Las calles están hoy soleadas y camino a pie de 'ipê' en 'ipê'.

El amarillo de referencia

Decir que el 'ipê' amarillo es el árbol más bello de la creación quizá sea decir  demasiado. Pero no lo es tanto decir que el amarillo de sus flores es el amarillo de todos los amarillos, el amarillo de referencia, la definición misma del color amarillo.

El 'Tabebuia aurea' es originario de Brasil y tan orgulloso está de sí mismo que florece dos veces al año aunque, eso sí, siempre adelantándose a que broten sus hojas que confundirían el fastuoso espectáculo visual. Pertenece al género Tabebuia que puede presentarse con flores de otros colores: blancas, lilas, rojas, rosas… Todos dan la sensación de ser los colores absolutos, el blanco de verdad, el rojo de verdad …

En la sabana brasileña, el llamado cerrado, hay mucho sol y poca agua, justo lo contrario de lo que ocurre en las selvas tropicales donde el sol solo reina en la cúpula de los árboles más altos pero donde el agua es un excedente. En la selva un árbol lucha sin tregua contra la sombra de los árboles vecinos por lo que todo consiste en ganar la mayor altura posible. Sus raíces en cambio se extienden horizontalmente para sostener las altas estructuras en un suelo muy superficial.

Experiencia mística

 En la sabana todo se invierte, los árboles no se roban la luz los unos a los otros, las ramas crecen más paralelas al suelo, mientras que las raíces se hunden decenas de metros en pos del agua subterránea. Las frondas de los árboles de la sabana pueden alcanzar volúmenes notables. Contemplar una de esas frondas de un vivísimo color amarillo en el centro de un paisaje cubierto de oscuros nubarrones es, sin duda, lo más parecido que se puede sentir a una experiencia mística.

Esta planta se prodiga en la sabana y en el pantanal brasileño y se puede encontrar también en otros países americanos como Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú o Guayana. Todas las poblaciones nativas  nombran  esta variedad con una palabra que significa 'curalotodo'.  ¿Será un raro placebo estético? Pues no. Como en buena parte de los medicamentos que la industria farmacéutica pone en circulación, los principios inmediatos proceden directamente de la biodiversidad natural. Los nativos ya sabían que el 'ipê' amarillo contiene sustancias con potentes propiedades antiinflamatorias y antihemorrágicas. Lo aplican con éxito para tratar mordeduras de serpientes venenosas ya que, además, minimiza el edema y debilita la toxicidad del veneno.

Mónica Kadri, investigadora farmacéutica de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul, es la científica que se ha entregado a este ambicioso proyecto. De momento no sustituye a los eficaces antídotos como los que se fabrican en el célebre Instituto Butantán de Sao Paulo, pero el extracto de la corteza del 'ipê' amarillo es ya un magnífico complemento. 

Belleza y utilidad

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Se han hecho muchas pruebas con humanos y ratones mordidos por las víboras americanas más frecuentes con resultados muy alentadores. La sustancia química esencial ya se conoce y ya está aislada. La belleza no es una concesión divina para compensar una presunta inutilidad. La belleza no es nunca solo belleza, como se ve, también alivia el dolor, evita amputaciones y salva vidas.

El 'ipê' es un argumento más a favor de la furia con la que debemos proteger la biodiversidad. Su valor es incalculable precisamente por eso: en una especie viva hoy aparentemente inútil puede dormir la solución de un problema que ni siquiera se ha planteado todavía. 

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