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Hacia el 1-O

Dos agentes de la Guardia Civil y uno de los Mossos trabajan conjuntamente en una operación antiterrorista.

ACN / ANNA MAYOR

Violencia y poder

Laia Balcells

El nivel de coacción hace días que ha aumentado en Catalunya con una mayor presencia de los encargados de demostrar que el monopolio de la fuerza lo tiene el Estado

Cada año empiezo mi clase en la universidad sobre violencia política con el libro 'On Violence', de Hannah Arendt. En este libro la filósofa reflexiona sobre la diferencia entre violencia y poder. Estos días, viendo desde Washington DC lo que está pasado en Catalunya y, sobre todo viendo la reacción del Estado ante la perspectiva de un referéndum unilateral de independencia y una movilización política no violenta, no me quito este libro de la cabeza.

Arendt explica que mucha gente asocia violencia y poder: quien tiene el monopolio de la violencia -en la mayor parte de los casos el Estado- es quien tiene el poder; cuanta más capacidad para ejercer la violencia, más poder. Sin embargo, Arendt argumenta que violencia y poder son conceptos distintos y, de hecho, antagónicos. Cuando uno tiene poder, no necesita utilizar la violencia. Imaginad, por ejemplo, un padre que pega a su hijo cada vez que quiere que haga los deberes: claramente no tiene poder sobre él. Cuando un padre tiene poder sobre su hijo, el hijo hace los deberes sin rechistar cuando el padre le pide que los haga.

El Estado español está mostrando sus dientes estos días con miles de guardias civiles destacados en Catalunya. Una densidad de policía que no tiene precedentes en democracia, y menos ante una movilización no violenta. No ha ejercido la violencia física todavía, pero la violencia está ahí, en la sombra del crucero de Piolín. El nivel de coacción hace días que ha aumentado en Catalunya con una mayor presencia de los encargados de demostrar que el monopolio de la fuerza lo tiene el Estado español.

Respeto y legitimidad

Sin embargo, siguiendo a Arendt, el Estado no está ganando, sino que está perdiendo poder en Catalunya. Los gobiernos que se dan cuenta que están perdiendo el poder, escribe la filósofa, a menudo utilizan la violencia para intentar recuperarlo. Pero el uso de la fuerza no les da el poder, ya que "el poder no crece del cañón de un arma". El poder es el fruto del respeto y de la legitimidad. Y, si no, pensad en el hijo que obedece al padre que no le ha pegado ni una sola vez en toda su vida.

Por distintas razones, el Estado español lleva años perdiendo el poder en Catalunya. El gobierno del PP tiene el objetivo cortoplacista de disciplinar a Catalunya y de recuperar el poder en este territorio. Estos días veremos hasta dónde es capaz de llegar para lograr su objetivo. Sin embargo, el Estado nunca recuperará el poder en Catalunya con el uso de la fuerza. Más bien todo lo contrario.