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Órdago soberanista

Unas doscientas personas despiden en Algeciras el martes a los agentes de la Guardia Civil que viajaron a Barcelona para reforzar el operativo del 1-O.

A Carrasco Ragel

¡A por ellos, oé!

Juancho Dumall

El Gobierno de Mariano Rajoy ha venido defendiendo que la respuesta al «desafío» soberanista debía ser «proporcionada». Algunos acontecimientos de los últimos días –sobre todo, los registros y las detenciones– ponen en entredicho la sinceridad de esa estrategia. Pero donde sin duda la proporcionalidad, sinónimo en este caso de moderación y sentido de la medida, se ha ido al garete ha sido en el campo de la propaganda.

Nada ha hecho tanto daño cuando se acerca la fecha clave del 1-O como esas manifestaciones (espontáneas, por supuesto) de apoyo a la Guardia Civil y a la Policía Nacional en las despedidas de los agentes que salen de sus bases en diversas ciudades no para ir a Siria o a Afganistán, sino para reforzar el dispositivo en Catalunya. Los gritos de «¡A por ellos, oé!» al paso de las furgonetas de la Benemérita son un enorme despropósito para la convivencia y, en el plano puramente político, un refuerzo inestimable para el independentismo catalán. La despedida de los agentes en ciudades como Huelva, Córdoba, Cádiz o Guadalajara con una puesta en escena armonizada con consignas de otros tiempos –«¡Arriba España!»–, henchida de ardor patrio y con profusión de banderas es un exceso, nada improvisado, que deberían considerar los responsables del Ministerio del Interior.

El enemigo

¿Qué significa ese «¡A por ellos!»? ¿Los partidarios de que en Catalunya se haga un referéndum de autodeterminación son el enemigo al que hay que laminar? ¿Es la dialéctica del 'ellos' y 'nosotros' la que conviene para solucionar un problema político como el que plantea el soberanismo? 


Nadie sabe muy bien qué ocurrirá el domingo. Será seguro un día de vértigo. Y estos prolegómenos no ayudan a rebajar la tensión. Los cuerpos y fuerzas de seguridad deben hacer ahora el trabajo que les asignen sus mandos, los fiscales y los jueces. Pero esa liturgia que remite a las despedidas de quienes se van al frente es un despropósito que empaña comportamientos profesionales como el de los guardias civiles que aguntaron la presión ante la Conselleria d'Economia hace una semana.