LOS CHAFLANES DE BARCELONA

Pequeños retales de ciudad

Hoy en día, con las calles de dirección única, circulación pacificada y sin tranvías, los chaflanes ya no tienen sentido

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Ambiente en la supermanzana del Poblenou, el pasado jueves. 

Ambiente en la supermanzana del Poblenou, el pasado jueves.  / JOAN PUIG

La palabra 'chaflán' viene del francés y significa romper un canto, cortar un ángulo. En catalán, 'xamfrà' se asemeja al francés 'chainfrein'. Pero quien lo puso de moda como sistema parcelario urbano fue el ingeniero Ildefons Cerdà. Se adelantó medio siglo a la llegada de los automóviles, pero ya sabía que una ciudad necesitaba ángulos abiertos para el giro de los carruajes y del tranvía.

La ciudad de Barcelona tiene fama mundial por estos generosos chaflanes, que sin duda la caracterizan, embellecen y, diría yo, identifican. Es todo un icono de la ciudad, tanto como su 'panot' floreado o la estatua de Colón. El problema es que el chaflán no es algo material, no existe. Es precisamente una ausencia inteligente, un vacío a utilizar, y por eso es difícil de representar y no se vende en tiendas de suvenires. Pero es el rasgo urbano más definitorio de Barcelona. 

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La superficie que se crea entre los cuatro chaflanes de un cruce de calles es enorme, forma un octógono de unos 20 metros de lado con casi 2.000 metros cuadrados. En cada cruce tenemos cuatro triángulos disponibles de 100 metros cuadrados cada uno. Hoy en día ese espacio no tiene sentido, está desaprovechado a merced de los coches. Sería interesante revisitarlo, más allá de las supermanzanas, como un microespacio comodín para diversos usos vecinales y de revegetación. Un documental que Rosa Vergés realizó durante el Any Cerdà en el 2010 visualizó de forma sorprendente este potencial, todavía dormido.

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Triángulos sin sentido

Sabemos que Barcelona está hiperdensificada y sin apenas ocasiones de esponjamiento. Hoy en día, con las calles de dirección única, circulación pacificada y sin tranvías, estos retales triangulares de calzada ya no tienen sentido. Un chaflán en el cruce de la calle de Calàbria con la de Consell de Cent está sirviendo como suplemento a una construcción escolar temporal. La configuración de Cerdà, mil veces vulnerada por hipertrofiada, podría aquí y ahora ser discretamente redimida con más vegetación y acera. Y con un coste irrisorio. Por eso no creo que se haga. 

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