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El acosis al 1-O

El barco Moby Dada, a la izquierda, y el Rhapsody, donde se alojaran miembros de la Guardia Civil y Policia Nacional, atracados en el puerto de Barcelona.

JULIO CARBÓ

Policías en el barco del amor

Jordi Puntí

El Gobierno no ha calculado la escala de la decisión de alojar a policías en buques en el puerto de Barcelona

A estas alturas, y a la espera de nuevos gazapos, uno de los errores más graves que ha cometido el Gobierno español en el conflicto actual es la llegada de los tres buques, o ferris, o cruceros, a la costa catalana -dos en Barcelona y uno en Tarragona-. Las tres naves deben alojar a los números de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que se instalarán en Catalunya hasta el 2 de octubre, en teoría, con la misión de reforzar la presencia del orden.

El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, lo vende como un "despliegue proporcionado, razonable y discreto", pero es evidente que no ha calculado la escala de la decisión. De lejos todos los barcos parecen pequeños, y la realidad es que la presencia de las tres naves en el horizonte barcelonés supone un cambio notable en el relato que va a llegar a todo el mundo durante los próximos días.

Imagen apocalíptica

En primer lugar, sitúa a policías nacionales y guardia civiles fuera de la ciudad, a distancia, sin dormir en suelo de conflicto. Veremos imágenes de las furgonetas que salen por la mañana y vuelven por la noche, metiéndose en las entrañas de los barcos, como si el país fuese un lugar de apestados, o de zombis con los que mejor no mezclarse más de lo necesario. Además, esta imagen apocalíptica se confundirá en la retina de los ciudadanos con el recuerdo de otros barcos en el horizonte inmediato, ya sean las hordas de turistas de crucero que toman la ciudad en verano, sin pernoctar, o la más terrible de los bombardeos desde el mar sobre Barcelona que tuvieron lugar en febrero de 1937. En cualquier caso no será una imagen tranquilizadora para la mayoría de ciudadanos.

El primer aviso de esta sensación de amenaza la han dado los estibadores del puerto de Barcelona, que decidieron en asamblea extraordinaria -votando, pues- que no trabajarán para los dos "barcos de Estado". Se trata de una decisión de un colectivo muy diverso, transversal, que recoge el malestar de la gran mayoría de ciudadanos. En los próximos días veremos más acciones pacíficas de este tipo, y esos agentes del orden en pleno crucero, convertidos de repente en turistas de la ley española, quizá lleguen a sentirse varados en tierra de nadie.

Melville y Mercury

Los dos buques anclados en Barcelona se llaman 'Moby Dada' y 'Rhapsody', lo que confirma una vez más el mal gusto de las compañías de cruceros a la hora de bautizar sus grandes naves. Uno sospecha que ambos nombres son, respectivamente, la obra de un admirador disléxico de Herman Melville y un seguidor bohemio de Freddie Mercury. Si la intención es que pasen desapercibidos y desconectar de una ciudad en pie de manifestación, puede que lo consigan.

Otro asunto es que los agentes se sientan a gusto en ese entorno festivo y vacacional. Corre un vídeo en las redes en el que un policía nacional inspecciona el camarote que le ha tocado -él lo llama "zulo"- y no parece muy contento. Tras pasar la noche durmiendo en esas literas, los números irán al trabajo con los nervios a flor de piel. Ya puestos, les podrían haber alojado en el castillo de Montjuïc.

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