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El fútbol nos desmiente a menudo. Y es maravilloso que así sea. Quién nos iba a decir hace solamente un mes que el FC Barcelona en estado semidepresivo por la marcha de Neymar, sin fichajes contundentes, con cierta incertidumbre sobre la renovación definitiva del contrato de Leo Messi, pero sobre todo, un Barcelona superado claramente por el “Real Madrid Disney” de Zidane en la Supercopa de España… ¿quién iba a atreverse a pronosticar que ese mismo Barcelona iba a estar, en la quinta jornada de Liga, siete puntos por encima del Real Madrid?

A Florentino le preocupaban dos cosas en el debut en la Liga del Madrid: la euforia excesiva y la cuestión arbitral

Dos cuestiones por encima de otras preocupaban a Florentino Pérez en el debut liguero de su equipo en Riazor. La primera, la euforia excesiva. La autocomplacencia. Sabe mejor que nadie el presidente del Real Madrid que el halago debilita, y todo eran nubes de azúcar en torno al equipo de Zizou al empezar la temporada.

De la segunda preocupación del presidente ya tuvimos noticias nada más acabar la ida de la Supercopa: la cuestión arbitral. Esa rama que a veces impide ver el bosque y a la vez actúa como el mejor salvoconducto de una plantilla que puede estar entre las dos o tres mejores de Europa, pero no siempre enseña ese nivel.

El jugador más caro, mejor pagado y gran estrella del universo blanco es Cristiano Ronaldo. El portugués se ha saltado los cuatro primeros partidos de Liga por empujar al colegiado en la ida de la Supercopa. En su celebrada reaparición frente al Betis, Cristiano mostró más ansiedad que puntería y aunque disparó hasta en ocho ocasiones, una de ellas de tacón, no logró marcar. Si el consuelo del madridismo en los dos empates anteriores del equipo ante el Valencia Levante respectivamente era el regreso de Cristiano, quedó claro ante el Betis que Zidane tenía sus razones para solicitar un delantero tras la marcha de Morata.

La suerte cambia de bando

¿Qué ha cambiado en el Real Madrid? Más allá de los claramente mejorables cambios de su entrenador, que retiró a Modric Isco del campo cerrando la 'sala de máquinas' del balón, solo ha cambiado la suerte. La de Morata, que se fue al Chelsea cansado de no jugar, y la de Ramos, que tantas veces salvó al Madrid el año pasado. Y ayer también la de Cristiano. Sin ir más lejos, el entrenador que el miércoles se sentó en el banquillo visitante del Bernabéu estuvo sentado hace un año en el mismo lugar dirigiendo a la UD Las Palmas. Ganaba por 1-3 en el minuto 86. Tres minutos después Cristiano giraba el cuello poniendo el balón en la red para el 3-3. Antes había sucedido contra el Depor en el minuto 91 a través de un remate de Ramos.

Este año la 'zona Ramos' no ha estrenado el tiempo añadido. El minuto 93 del Bernabéu esta vez, fue de Sanabria. Pero el Real Madrid siempre vuelve.

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