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El espacio público en Barcelona

Una supermanzana con claroscuros

LEONARD BEARD

Una supermanzana con claroscuros

Olga Guday

La actuación en el Poblenou responde a un buen ideario pero se ha ejecutado mal y sin planificación


Se cumple ahora un año de la supermanzana del Poblenou, ​​un buen momento para que todos hagamos balance de lo que se ha hecho y de los caminos que queremos que siga Barcelona. ¿Es esta supermanzana un modelo que se puede replicar en el resto de la ciudad? ¿O quizá hay que hacer muchas modificaciones para que acabe de encajar y sea aceptada por los barceloneses?

Esta actuación en nueve manzanas del Poblenou es una apuesta del Ayuntamiento de Barcelona para devolver la ciudad a sus habitantes tras décadas en las que solo se pensaba en los vehículos y sus necesidades de espacio. La acción se centró en reducir los carriles de circulación dentro de la supermanzana, pasando de cuatro a uno. Todo el espacio que se ganó de calzada pasó a los vecinos para usos diversos, como zonas verdes, áreas de juego o deportivas, entre otros.

No se puede resolver un barrio con cuatro líneas de pintura en el suelo y tres árboles 

Barcelona siempre tiene muchos retos por resolver, pero debe tener un ideario claro de hacia dónde quiere ir. Todo el mundo sabe que eso existe con el actual gobierno municipal: quiere reconvertir nuestra ciudad imperfecta en una ciudad más saludable. Para ello se atacan varios desafíos de forma frontal, sobre todo eliminando drásticamente las zonas de paso y aparcamiento de los vehículos, para reducir la contaminación ambiental y acústica y crear mucha más seguridad para los vecinos. Peatones, bicicletas y transporte público toman el relevo y se apoderan del barrio que habían perdido, que así ofrece de nuevo la posibilidad de un paisaje más diverso, verde y acogedor a los vecinos y que permite el encuentro, el paseo y la vida de calidad.

Como arquitecta, y con el bagaje de muchos años de profesión, valoro positivamente el ideario y la propuesta, pero soy muy crítica con el formato de la reforma, porque en nuestro oficio hay siempre una última prueba que pasa factura: la realidad construida. Las actuaciones en las zonas de implementación deberían haberse planificado previamente con estudios de simulación de impacto por temáticas estratégicas. Antes de actuar hay que pensar, y tener un estudio profundo de todas las afectaciones de las acciones que se quieren emprender es clave para no malgastar ni tiempo ni dinero de nadie. Por lo tanto, es exigible este trabajo previo antes de hacer nada.

Construir una estructura urbana

Los barceloneses que hemos querido acceder a la supermanzana hemos recibido poca información de las nuevas direccionalidades de las calles y nos hemos perdido. Hemos observado que hay grandes dificultades para encontrar espacios de carga y descarga suficientes, necesarios no solo para mercancías, porque los bebés y las personas mayores tienen sus propias necesidades. También era necesario que la ejecución de la reforma  tuviera la calidad que exige una ciudad densa y muy asentada como Barcelona.

Es evidente que se ha generado un cambio en la movilidad y que se ha procedido de manera táctica, pero era necesario que se procediera queriendo construir una estructura urbana, es decir, de hacer calle y ciudad con todos los niveles de acabado exigibles y en condiciones admisibles de calidad. No se puede resolver, aunque sea temporalmente, un barrio con cuatro líneas de pintura en el suelo y tres árboles. No es aceptable y no es creíble a los ojos del vecindario, a pesar de toda la pedagogía del mundo.

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Hacer actuaciones esquemáticas, que es lo que se ha hecho, es un contrasentido. Los esquemas son rayas que deben quedarse siempre sobre el papel. El peatón ha sufrido un engaño, y es que recuperar un ámbito para los vecinos pero dejar el suelo de alquitrán confunde. Nuestra evolución como comunidad ha aprendido códigos que ayudan a la seguridad física, y un ejemplo banal como este demuestra que se han obviado.

Y el chaflán es el otro gran damnificado. No se ha procedido a ponerlo en valor, cuando es un espacio inmenso que debe ser pensado de verdad para ser vivido no únicamente a modo de giro de la esquina como hasta ahora. Hay que enriquecer, pero con valentía, lo que ha sido olvidado durante demasiados años.

El gobierno de la ciudad está obligado a actuar con criterios que se acerquen a la excelencia y debe estudiar en detalle las propuestas, dedicar un presupuesto adecuado para ejecutarlas y dejar a los técnicos especializados que las desarrollen con mucho detalle. No se puede improvisar.

Cara al futuro, deseo ver más supermanzanas y un gobierno municipal más exigente, y que algún día no solo podamos disfrutar de estos barrios más humanos sino sentirnos orgullosos y orgullosas de ellos.