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Qué difícil es ser Messi

Emilio Pérez de Rozas

La pregunta fue veloz: ¿Y tú, David, qué harías si Alves te birla el balón, se lo esconde en la espalda y se lo entrega disimuladamente a su amiguete Neymar para que lance el penalti? «Yo, haría dos cosas: al acabar el partido hablaría con el entrenador y le diría que debe arreglar eso y/o me buscaría un par de compañeros más grandes, altos y fuertes que ellos y les plantaría cara». ¿Y, Pepe, tú que harías? «Yo dejaría que hiciese esa gracia en el campo, porque no soy partidario de montar un show en público, pero, en cuanto entrásemos en el vestuario, le arrancaba la cabeza».

El valencianista David Albelda y el sevillista Pepe Prieto, poca broma cuando saltaban al campo, pocas risas, enorme disciplina y profesionalidad, no se fueron por las ramas al comentar, en la COPE, la mamarrachada que los dos graciosos brasileños del PSG, Alves Neymar, le hicieron al uruguayo Cavani, mal enemigo desde luego. Es posible, tal vez, quién sabe, que el general Emery haya tomado cartas en el asunto. Todos lo dudamos, ¿verdad?

El "hermano" Hamilton

Emery no se meterá en ese lío cuando el niño bonito de Francia, París, PSG y la Liga francesa, el traidor de los 222 millones de euros, es el rey de la noche parisina… y londinense, pues al día siguiente se fue de juerga a Londres con Lewis Hamilton, «mi hermano de otra madre», Winnie HarlowSara SampaioDaniela López Osorio y Barbara Palvin, modelos de Victoria’s Secret.

Es posible que Cavani, que fue atrevido y lo intentó, que fue uruguayo, pelotero y valiente a la vez, haya pasado a liderar la lista negra del clan brasileño: NeymarAlvesMarquinhosThiago Silva Moura.

Tener poder es otra cosa

El 9, eso sí, ha recibido la admiración de muchos seguidores críticos con los macarras del vestuario y ha conocido, de sopetón, los motivos por los que 'Ney' abandonó el Barça: pretende ser Leo Messi. Pero en plan hortera. Es decir, marcando el terreno al estilo perruno, proclamando que el área es suya. Messi no necesita numerito alguno, su autoridad y poder emana de su fútbol, de sus goles, de su total incidencia en el juego.

Cuando alguien ha de demostrar con gestos y la complicidad de sus amiguitos que tiene poder, es que no lo tiene

Cuando alguien ha de demostrar con gestos y la complicidad de sus amiguitos que tiene poder, es que no lo tiene, ni sabe ganárselo, es que no es nadie, es que ha de comportarse así de chulito para que los demás sepan que es el que más millones ha costado, el que más gana y el nuevo macho alfa de la manada.

Cuando, curiosamente, pese a que Neymar no es Messi (ni lo será), su fútbol, su proyección, su vistosidad, sus filigranas, sus goles, sus asistencias, su determinación e influencia en el juego del PSG es lo suficientemente importante como para olvidarse de esas niñerías y convertirse en un líder limpio, honesto, global, cómplice y aglutinador de esa grandeza que se le intuye al equipo de Unai Emery, perdón del jeque Nasser Ghanim Al-Khelaifi. 

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