29 sep 2020

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UNA VICTORIA TRABAJADA

La revolución de los novatos

REUTERS / PAUL HANNA

La revolución de los novatos

Jordi Puntí

Qué agradable y tranquilizador es el refugio de los tópicos. La Liga se gana en los campos difíciles. Donde no llega la cabeza debe llegar el corazón. Tres puntos que son mucho más que tres puntos... Todos los clichés sirven hoy para valorar la trabajosa victoria del Barça en Getafe. Hacia el minuto 55, me parece recordar, Messi hizo dos regates seguidos -los primeros que conseguía enlazar en el partido- y luego la jugada se quedó en nada. Lo enfocaron las cámaras y su cara de frustración era un poema, o más concretamente una página de 'La náusea' de Sartre. Nada de lo que veíamos en el campo hacía presagiar que unos minutos después Denis Suárez, ese chico tímido, pondría en marcha la revolución de los novatos...

Denis saltó al campo y, de repente, por un milagro botánico, el laberinto se convirtió en un jardín cuidado

Puede que el gol nos sorprendiera porque gran parte del partido había transcurrido como a cámara lenta. Lo cierto es que poco a poco estamos olvidando que el futbol se juega en el presente. Las retransmisiones digitales, por Internet o a través de satélite, nos han acostumbrado a verlo todo con unos segundos de retraso. ¡Qué fastidio, esos días en que el vecino del tercero celebra el gol de Suárez mientras tú todavía estás pidiendo a Rakitic que centre el balón! El gol que llega más tarde que la celebración vale igual, pero nos parece menos bello...

Bueno, ese retraso temporal es más o menos lo que ocurría ayer en el Coliseum Alfonso Pérez, solo que sin goles a favor. Veía el partido por televisión y esa lentitud en el juego del Barça, de pases previsibles y perezosos, no me parecía natural. Era como si los locales jugaran a otro ritmo, como si el dios del futbol se divirtiera con el 'fast forward' del mando a distancia. Luego, para comprobar si se había detenido el tiempo, me conecté a la retransmisión de Puyal y ese sabio llamado Ricard Torquemada nos dio la respuesta. Los partidos en el campo del Getafe, decía, siempre son complicados, entre otras cosas por el césped tan alto y seco, que no permite la circulación del balón...

Cambio de cara

Así que era eso. Intenté concentrarme en el juego del Barça, pero el césped me parecía tan alto que, con un poco de imaginación, uno podía ver la formas del laberinto en que el Getafe había metido al Barça: carriles cortados, paredes que no tenían respuesta, esquinas tramposas. No parecía existir una salida para los azulgrana, una intuición que confirmó el gol de Shibasaki...

Luego, tras el descanso, con el sol a la espalda, el Barça cambió de cara. El ritmo se avivó. Mientras Luis Suárez seguía jugando como si fuera la primera parte, Deulofeu empezó a soltarse y a abrir las bandas. Sergi Roberto volvió a su papel de experto lateral. Denis decidió salir al campo sin pensar que estaba sustituyendo a Iniesta y de repente, por un milagro botánico, el laberinto se convirtió en un jardín cuidado, con todos los parterres en orden. Pese a sus 29 años, Paulinho quiso apuntarse a la revolución de los novatos y clavó el gol decisivo. Comprendimos entonces que los partidos se ganan en equipo, y no por un jugador solo. Otro tópico que se cumplía, con el permiso de Messi.