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Opinión

Joan Coscubiela, portavoz de Catalunya Sí que es Pot.

Joan Coscubiela y los héroes del tuit

Jordi Alberich

De manera inesperada, ha emergido una figura en la política catalana, Joan Coscubiela. Sus intervenciones, en los recientes debates en el Parlament de Catalunya, sorprendieron a propios y extraños, ganándose un aplauso sonoro de parte del hemiciclo y el reconocimiento de buena parte de quienes, aún no compartiendo sus sensibilidades políticas pero no sujetos a la estricta disciplina parlamentaria, pueden opinar en libertad. Y, quizás lo más importante, la simpatía de muchos ciudadanos que, lejos de radicalismos, aspiran a una vida digna.

Me alegra mucho este merecido reconocimiento a una persona por quien, desde hace años, y desde posiciones no siempre coincidentes, siento un enorme respeto.

De él,  podríamos señalar, como se ha hecho estos días, una trayectoria de cerca de medio siglo cargada de coherencia y coraje. Destaca su compromiso sindical que, de joven, le llevó a conocer esa misma prisión que, siendo niño, ya visitaba para encontrarse con su padre, también preso y sindicalista. Pero no querría limitarme a éste u otros episodios similares.

Considero que la sorpresa por sus intervenciones refleja una dinámica muy preocupante, la inconsistencia y frivolidad de buena parte de nuestros líderes políticos. Por suerte, algún que otro Coscubiela queda, pero constituyen, lamentablemente, una especie en vías extinción. De hecho, él mismo ya ha anunciado su retirada al finalizar la legislatura.

Joan Coscubiela es una persona inteligente, sensible y curiosa. A partir de esos atributos, manifiesta una doble virtud que escasea en la política. De una parte, la empatía, el ponerse en el lugar del otro para procurar entenderle y, de otra, la solidez de unos criterios que considera la base indiscutible de una vida en democracia. Por ello, en su trayectoria, ya sea en el sindicato o, recientemente, en la política, ha sorprendido a menudo, acostumbrados todos a que líderes políticos, y no políticos, no se alejen del guión previsible y de un discurso, a menudo, yermo y aburrido.

Y por si dudábamos de su excepcionalidad, poco tardó un destacado representante de eso que denominan la nueva política, y líder del grupo parlamentario de Esquerra en Madrid, Gabriel Rufián, en lanzar el siguiente tuit: “Coscubiela es como el camarada que iba hace 40 años con las manos sin callos a las casas de los obreros a decirles que mejor no hacer huelgas”. Tiene su mérito, a sus 35 años y seguramente desde la comodidad de un sofá, utilizar el móvil para lanzar este mensaje. Un héroe.

Me preocupan estos escenarios en que nos vamos adentrando, en que el gran activo de muchos políticos, que son quienes nos gobiernan, reside en lanzar tuits agresivos y simplones. Y me apena que Joan Coscubiela anuncie su retirada. Sin Coscubielas lo que nos aguarda son profesionales del tuit. Vamos bien.

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