Ir a contenido

HOY JUEGAS

Que conste, antes que nada, que si se trata de elegir bando en el pelotón yo me apunto al de Alejandro (Valverde) antes que al de Alberto (Contador). Cosas de las filias. El murciano parece un campeón campechano, todo espontaneidad, de aquellos con los que irías de cañas sin pensártelo. Al de Pinto, un portento ciclista, siempre le he visto algo de truco, postizo; no sé, me da que además ha abusado algo de las excusas cuando las cosas no le rodaban bien. 

Y mi sospecha no es por el famoso solomillo, no, sino por episodios, en este caso favorables, como aquel día del Tour del 2010 cuando en la ascensión al Port de Balès a Andy Schleck se le salió la cadena y él se aprovechó. Circunstancias de carrera, por supuesto. No se trata de esperar si un rival sufre una avería o se cae. Ahora, tampoco de decir que no te has dado cuenta como hizo en la meta. Nadie le creyó y tuvo que rectificar el día siguiente. Vale.

Te echaremos de menos, tanto los feligreses que te aclaman en las cunetas como quienes arrugamos el entrecejo con el ataque a Schleck en Balès

Aquella jugarreta ha quedado aparcada en el baúl del olvido al verle este año en Los Machucos o en el Angliru, donde firmó el mejor 'The End'. De película. Perdida la Vuelta por la pájara de Andorra, le liberaron para que disfrutara en su despedida. Él y todos los aficionados. Con ese ciclismo de otra época en el que igual se atacaba a 200 kilómetros que a 20 de meta. Ese ciclismo que no camina maniatado por pinganillos, por órdenes de directores cagones y por tácticas que todo lo dejan en las cumbres para los tres últimos kilómetros. Él contra el tiempo, él contra todos, él contra su propia sombra. Con los dientes apretados, babeando por el esfuerzo, cimbreándose hasta la última pedalada.

Pero ahora queremos más. Por eso debería rectificar, no sería algo nuevo, sobre su decisión de colgar la bici. Hasta diciembre no cumple los 35, Alejandro ya va por los 37 y aún no ha abierto la boca sobre lo de bajarse de la bici. Y es que te echaremos de menos, Alberto. Todos, los feligreses que te aclaman en las cunetas españolas y también los que arrugamos el entrecejo el día del Port de Balès. A ti... y al «¡Bravo, Alberto!» del gran Carlos de Andrés. 

0 Comentarios
cargando