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Dos miradas

Los maestros están. Ni psicólogos ni detectores. Dispuestos a batallar a favor de la dignidad de sus alumnos. Reflexionemos. Están en la trinchera de la civilización

Tampoco deberíamos cargar toda la responsabilidad sobre el profesorado. Comienza este martes un curso que no será como los otros cursos, que tendrá, de entrada, un inicio lleno de preguntas y de interrogantes. "¿Por qué pasó? ¿Qué pensaban cuando estaban cometiendo los atentados? ¿Por qué existe la voluntad de hacer daño?". Los maestros deberán asumir una batería de inseguridades, de dudas, de miedos. Tarde o temprano se planteará en clase: "¿Puede volver a pasar? ¿Nos puede afectar a nosotros? ". Y, más adelante, en alguna escuela, en cualquier barriada, el rechazo, el estigma. Seamos honestos. No nos debería extrañar que pasara. Y ahora cargamos toda la responsabilidad (o buena parte) sobre las personas que cuidan de nuestros hijos. Tienen que hacer de psicólogos y de vigilantes. Deben procurar apaciguar la inquietud y evitar la confrontación, y también deben seguir protocolos para detectar a hipotéticos exaltados.

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Sé a ciencia cierta que hay muchos que sufren. Que saben que trabajan con un material delicado y saben que no basta con las buenas intenciones. El entorno es hostil y criminaliza y tiende a hacer caer a los pobres, los desarraigados, en el pozo de la desesperación. Pero están ahí. Los maestros están. Ni psicólogos ni detectores. Dispuestos a batallar a favor de la dignidad de sus alumnos. Héroes de cada día, conscientes de su tarea. Humanos, expuestos al fracaso. Hoy comienza un nuevo curso. Reflexionemos. Están en la trinchera de la civilización.

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