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Al contrataque

O integrados o agradecidos

Najat El Hachmi

La integración, que puede darse de forma natural cuando somos pequeños, necesita de una actitud activa y perseverante cuando somos mayores

Justo después de los atentados me llegó un wasap que decía: «Estoy muy agradecido a la gente que nos abrió las puestas de su casa». La cosa no tendría nada de sorprendente si quien lo enviaba hubiera sido alguien acogido como refugiado hace nada, pero el emisor es un hombre que llegó cuando tenía un año, que se ha relacionado siempre con total normalidad tanto con personas de su mismo origen como de otros, que no suele darle muchas vueltas a cuestiones identitarias y para quien el lugar donde lleva más de 30 años es tan propio como pueda serlo para alguien con los cuatro apellidos catalanes.

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Al menos hasta ahora se ha sentido así de arraigado y esperemos que así siga a pesar del terror. Lo curioso es que usara la palabra 'agradecimiento'. Si tienes que manifestar tu gratitud a la sociedad donde llegaron tus padres hace más de tres décadas, donde han trabajado y pagado impuestos, donde has ido al colegio y has crecido, te has emparejado y has tenido hijos, donde no recuerdas casi nunca que naciste fuera de aquí, es que tu integración es un proceso apenas hilvanado. Y no porque no tengas claro que este es tu lugar sino porque aún hay mucha gente que creerá que el espacio que ocupas o es temporal o es de inferioridad.

La prevalencia del origen

Hace unos años, en el festival de literatura de la ciudad italina de Mantua, compartí mesa con la escritora italosomalí Igiaba Scego. En su intervención habló del racismo en Italia, que calificó de institucional y al terminar un hombre del público le dijo que se notaba que no conocía bien la sociedad italiana y que tendría que estar agradecida de que la hubiera acogido.

Cuando García Albiol tuiteó que Pisarello tenía que estar agradecido al país que lo acogió lo que hizo fue establecer de nuevo la prevalencia del origen por encima de cualquier otra consideración como el hecho de que alguien decida voluntariamente ser parte activa de la sociedad en la que vive. La ciudadanía integrada es eso, formar parte del mundo inmediato en el que vives y no estar pensando siempre en un pasado remoto o en una posible vida paralela en un país distinto o creer que tu sitio tiene que ser de segunda.

La paradoja es que alguien que escoge deliberadamente asumir un papel cívico destacado es porque no se siente extranjero, pero a la primera de cambio sus posicionamientos políticos no son refutados en base a lo que dice sino al lugar donde nació. De lo que se trata en realidad es de desacreditar a quien no piensa como tú recordándole su procedencia. Esta vez ha sido el líder del PP quien ha exigido agradecimiento a Pisarello, pero esta postura es más habitual de lo que parece. Por eso la integración, que puede darse de forma natural cuando somos pequeños, necesita de una actitud activa y perseverante cuando somos mayores

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