El único modo de salir bien parados de esta

Catalunya ya tiene el espinazo quebrado. Si esto tiene arreglo, no será el 1-O, sino cambiando voluntades políticas a partir del día 2

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La manifestación independentista, en el cruce de Aragó con Bailén, esta Diada.

La manifestación independentista, en el cruce de Aragó con Bailén, esta Diada. / DANNY CAMINAL

Solo hay un modo de salir bien parados de esta. Por supuesto, no es salivando ante la idea de una república catalana que, de germinar, lo haría sobre la suspensión de los derechos parlamentarios de la oposición y la voladura de la separación de poderes. Ni repitiendo el mantra extático de que la ley es la única respuesta a este gran desafío político. Tampoco suplantando con una falsa uniformidad los múltiples acentos de los pueblos y pretendiendo que estos hablen con una sola voz y comulguen con un solo credo. Ni timando a la gente con paraísos inexistentes. Tampoco reduciendo el anhelo de un amplio grupo de población a una mera manipulación propagandística.

Por ninguna de esas vías vamos a salir airosos, exceptuando a quienes a un lado y otro alimentan la tensión en beneficio de sus posiciones de poder. Abyecta insensatez o insensata abyección.

Sabemos cómo hemos llegado hasta aquí. Empujados por la carencia de sentido y de responsabilidad de Estado de un PP que no dudó en hacer su variante de referéndum unilateral recogiendo firmas en las calles contra un Estatut aprobado por el Parlament y las Cortes y refrendado por el pueblo de Catalunya; un PP que no tuvo reparo en violentar al Tribunal Constitucional hasta lograr una sentencia mutiladora. Empujados también por la falta de coraje y convicción de un PSOE melindroso, prisionero de algunos reyezuelos regionales más pendientes de sus regalías que de la construcción de una España sostenible y útil. Empujados, en fin, por la desnortada huida hacia delante del partido en descomposición que otrora fue el 'pal de paller' nacionalista, por el oportunismo mesiánico de la Esquerra más derechista de los últimos 20 años y por el renacimiento digital del carlismo rural.

Espinazo quebrado

No vale la pena ahondar más en ello. Catalunya es hoy una sociedad con el espinazo quebrado.Estamos como estamos por una suma de despropósitos y mezquindades que atraviesan de cabo a rabo el espectro político. Las heridas no cicatrizarán el 1-O, pase lo que pase ese día. Nadie espera que quienes no han dado la talla por incompetencia o por vileza en los últimos 10 años vayan a ver la luz en las tres semanas venideras.

El único modo de tratar de salir con bien de esta es ponerse a cambiar las voluntades políticas a partir del 2-O. En toda democracia, la ley es la garantía fundamental. Pero no puede ser la única y cerril respuesta a los grandes desafíos políticos.

Energía despilfarrada

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O los grandes partidos españoles revisan su concepción del Estado y hacen de España un lugar donde sus pueblos puedan vivir con comodidad y en solidaridad, o seguiremos como estamos, o mucho peor, por los siglos de los siglos. Seguiremos despilfarrando la energía colectiva del país por el sumidero de las pugnas nacionalistas. En estas, como en las guerras de religión, todo se reduce a una cuestión de fe. La razón está proscrita: es sediciosa y venenosa, crea dudas. Pero en el tercer milenio después de Cristo, es necesario tener mucha fe y escasa razón para estar convencido de que tu grupo es más despierto, trabajador y decente que el de al lado. 

Y ahora, crucemos los dedos para no hacernos más daño del que nos hemos hecho ya.