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OPINIÓN

Bartomeu y la escopeta

Albert Guasch

Describe John Le Carré en su reciente autobiografía una escena de su infancia que le ha perseguido, subraya, durante toda su vida. Dice más o menos así: un día acompañó a su iracundo padre a un casino de Montecarlo, donde los gestores, para entretener a la clientela fuera de los tapetes y las ruletas, soltaban unas palomas a través de un túnel para que probasen su puntería con unas escopetas prestadas en cuanto las aves emprendiesen el vuelo.

Lo que impactó al joven Le Carré fue que las palomas que sobrevivían a los disparos desviados acababan por regresar al tejado del casino. Y allí eran cazadas e introducidas de nuevo por el túnel, en un bucle inevitablemente mortal. El escritor inglés anima al lector a seguir leyendo para encontrar el encaje de la trágica imagen en su trayectoria vital. 

Si nos proponemos encontrar metáforas de la realidad azulgrana por todas partes, podemos forzar y ver aquí un paralelismo en el reiterado giro del ave hacia el perdigonazo fatal y el comportamiento de la junta de Josep Maria Bartomeu, que parece siempre empeñada en ponerse a tiro de la escopeta de la crítica. 

Una y otra vez se condena al túnel oscuro y al fuego a discreción, como un impulso que no pudiera remediar. Resulta ocioso repasar aquí ahora la lista reciente de las polémicas gratuitas e innecesarias, como heridas autoinfligidas, que han producido los directivos del Barça y que han espoleado a un entorno que suele aguardar con la escopeta cargada. No es exclusivo de Bartomeu. Le pasa a él como antes le pasó a sus antecesores. Desde luego, no es apta para pieles sensibles la silla presidencial del FC Barcelona.

Resentimiento en auge

Resulta paradójico, no obstante, cómo se está extendiendo la crítica por las gradas del Camp Nou. No suele suceder que el resentimiento coincida con el primer equipo en forma. Ni siquiera una resonante manita en el derbi atemperó a una notable parte de la masa social, que esperó al tramo final del partido para agudizar su descontento, manteniendo al margen de esta guerra a los jugadores. De la manera en que se pronunció el secretario técnico, Robert Fernández, inclinado a culpar del griterío a la fogosidad de los medios de comunicación, no parece que en los despachos del Camp Nou se entienda la raíz del enfado. 

La moción de censura de Agustí Benedito aspira a convertirse en la escopeta que acierte en el ala de Bartomeu. No se presume que vaya a lograr abatirle. Pero le convendría al presidente evitar de una vez el túnel y coger vuelo. Por si acaso. 
 

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