24 sep 2020

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IDEAS

Por qué ya no trabajo gratis

ELISENDA PONS

Por qué ya no trabajo gratis

Ricard Ruiz Garzón

Durante estas vacaciones he recibido una docena de estupendas propuestas ‘laborales’: una charla, una presentación, un artículo, un prólogo, un ensayo.... Todas tenían algo en común: venían del mundo del libro y no se pagaban. Es decir, que en ninguna de ellas vería yo un céntimo por mi trabajo. “No tengo patrocinador”, “Ya sabes cómo va” o el simpático “Tengo una propuesta deshonesta” han sido los argumentos más habituales.

Esta columna es mi respuesta: he decidido no volver a trabajar gratis.

Tenía otra opción, que era convencer a mis colegas escritores y paralizar el país dejando de escribir un mes en lucha por nuestras reivindicaciones. Respeto mucho el derecho de huelga, pero que lo anterior suene a chiste no es gracioso. En realidad, es muy triste.

Ninguna de las personas que hacían las propuestas piden gratis una carrera a un taxista o sus servicios a un notario. Tampoco los imagino dejando de pagar comisiones al banco pese a sus obscenos beneficios (ay, perdón, que esto es demagogia, nunca recuerdo que la demagogia solo se denuncia de arriba a abajo).

Si algo no puede hacerse porque para hacerlo hay que explotar al personal, igual hay que valorar si es mejor que no se haga

Mi respuesta, en todo caso, es sencilla: basta. Mi respuesta es que ya he accedido durante un cuarto de siglo, así que basta. ¿Mi respuesta? Que hasta yo ofrezco a un escritor lo que cobro si lo llevo a mis clases. Es mi respuesta que he aceptado tantos años por miedo, por costumbre o por vergüenza… pero que basta. Esa es mi respuesta, que si algo no puede hacerse porque para hacerlo hay que explotar al personal igual, oye, solo igual, hay que valorar si es mejor que no se haga. Y que no necesito recibir mil excepciones de ‘amigos’ porque si son tan amigos ya las conozco y me ofrezco yo. Ah, y una obvia: que aun si no cobro, yo pago; al casero, internet y mis impuestos. Así que basta.

Mi respuesta es que soy un profesional y merezco respeto. Mi respuesta es que, aunque nos vendan humo, cobrar es una reivindicación justa, solidaria y progresista. Mi respuesta es que no podemos pedir que se respete la cultura si no la respetamos ni nosotros.

 Y ya si eso, en unos años, hablamos de pagar un precio digno por las cosas. 

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