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El conseller de Interior, Joaquim Forn, y el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, el pasado 31 de agosto, cuando admitieron lo que hasta entonces habían negado: que disponían desde el 25 de mayo de un aviso de riesgo de atentado yihadista en la Rambla.

LLUÍS GENÉ / AFP (LLUÍS GENÉ / AFP)

La jauría digital y otros secuaces

Luis Mauri

¿Cuándo se había visto un ataque igual a la libertad de información desde los años más negros de la Transición y los cierres de 'Egin' y 'Egunkaria'?

Todos llevamos dentro un entrenador de fútbol. Qué digo, ¡el mejor entrenador de fútbol! Lo que yo no sabía hasta hace algunos meses es que a algunos también les cabe dentro un jefe de redacción.

Como periodista, esto no solo no me molesta, sino que me anima. Mejor dicho, me animaría si significara que se está extendiendo sin freno la pasión por la información y por el oficio de buscarla, hallarla, analizarla, contrastarla y servirla a un público ávido de noticias y de buenos periódicos. Sobre todo cuando se trata de información que los poderes se esmeran en ocultar porque consideran que puede ser perjudicial para sus intereses partidarios.

Pero me temo que lo que en estos momentos se extiende en las filas del 'procés', desde la ANC hasta el Gobierno de la Generalitat, desde los medios públicos o afines hasta una jauría digital alimentada para perseguir a dentelladas a herejes y agnósticos, es otro tipo de pasión: la de amordazar a los periodistas y los periódicos que no se pliegan al dictado de la Fe Única y Verdadera.

Torquemada y McCarthy

Todos esos actores, poseídos por el espíritu de Torquemada o el de McCarthy, denuncian que las informaciones que no les convienen son maniobras bastardas de desprestigio de las instituciones de la patria sacrosanta, tildan de «mierda» dichas noticias, reclaman ceses de directores de periódicos, alientan boicots, ruegan por la quiebra de empresas de comunicación, insultan, odian... Odian con una visceralidad enajenada. Y amenazan. Y justo entonces, el jefe de los Mossos se permite arrastrar por el suelo la dignidad de su cargo señalando a los periodistas que le resultan molestos.

¿Cuándo se había visto un ataque igual a la libertad de información desde los años más negros de la Transición o desde los cierres de 'Egin' y 'Egunkaria'? ¿Es necesario recordar cuál es el régimen político donde los directores de los medios privados son puestos y quitados por orden gubernativa y los periódicos, amordazados? ¿Es necesario recordar que ese es el ecosistema informativo natural de las dictaduras?

Pues esto es lo que está ocurriendo aquí y ahora. Eso sí, en nombre de la libertad, de la democracia y, cómo no, de las sonrisas.