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Pequeño observatorio

El agua no siempre es humilde

Josep Maria Espinàs

Cuando se desata, el agua lo arrastra todo. Solo en un cántaro la podemos domesticar


Hará más o menos 18 años hice un viaje a pie por Extremadura. Ya había hecho una docena, entonces. Me atraía ver el contraste. Porque la caminata anterior la había hecho por el País Vasco. Extremadura está en la punta opuesta de Catalunya, y eso hacía crecer el interés.

Ahora este diario me ha hecho llegar la noticiaun matrimonio y dos hijos suyos han muerto haciendo barranquismo. En un río extremeño, el Jerte, que tuve tan cerca.

No está de moda decirlo, pero he sentido mucha pena. ¿Por qué tiene que haber hechos como este? Es una pregunta absurda, evidentemente. La muerte no tiene programado su trabajo. Siempre trabaja, en verano y en invierno.

Los humanos tenemos un gran almacén de confianza en la vida. Incluso los que se sienten perdidos o abandonados se fabrican –o lo intentan– esperanzas. Es más, la vida está aquí, la vemos, la escuchamos, la abrazamos, la bebemos, queremos vivirla. Y un día la vida nos castiga. La envidia, tal vez, de vernos felices. Porque ir a hacer barranquismo, en una zona con pocas dificultades para unos niños con ganas de un poco de aventura... ¿Qué ha pasado en el Jerte? Los niños iban correctamente equipados con trajes de neopreno. Pero una tromba de agua les tumbó.

Yo siempre he sido un poco cobarde ante el agua que corre. Incluso ante la que está controlada. Y he admirado algunos ríos a lo largo de mis caminatas. Pero desde un puente...

San Francisco de Asís habló de «la hermana agua, utilísima y preciosa, casta y humilde». El agua no tiene nada de humilde cuando se desencadena y lo arrastra todo.

Entiendo y respeto el dolor de la familia del Jerte. El agua no es tan transparente ni tan amiga como a menudo nos hace ver.
Solo la podemos domesticar en un cántaro. 

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