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Al contrataque

Volver al principio

Ana Pastor

Cuando parece que toda la atención está en otros lados, me ha dado por pensar en Xavi y en Javi. En el niño y en el padre, de Rubí. Y en el resto de su familia y de las que sufrieron los atentados

Seguramente ellos, como tantos otros, habían soñado con los largos paseos del caluroso verano que está terminando. Estos meses iban a ser muy diferentes con los niños ya de vacaciones. Pero todo se torció aquel maldito jueves de agosto. El paseo por la Rambla terminó en tragedia para ellos y para muchas otras familias. Xavi, de 3 años, fue una de las 16 víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils. Y a pesar del dolor y del desgarro que están suponiendo estos días, sus padres han convertido al pequeño en un poderoso símbolo de lo mejor del ser humano.

Primero supimos que se habían acercado a la comisaría de su población, Rubí, para entregar a los Mossos d’Esquadra una fotografía y un juguete del niño y agradecerles así el trabajo que están realizando. Un emotivo y reconfortante homenaje que terminó con una frase de los agentes: «No tenemos miedo, porque ahora tenemos un ángel de la guarda».

Después vimos a su padre, Javier, abrazar y consolar entre lágrimas al imán de Rubí, Dris Salym, en un acto tan necesario como extraordinariamente generoso. «Necesito abrazar a un musulmán», dijo entre sollozos. Estos días leía a un compañero de este periódico, Manuel Arenas, contar que habló con él antes de que se produjera ese gesto tan maravilloso. Cuenta que solo pretendía que la muerte de su hijo no fuera en vano, demostrar que no todo está perdido y algo muy importante: que Xavi fuera el niño que nos ayudase a recordar la diferencia entre los terroristas y el resto de seres humanos. Era la manera, explicaba, de mostrar que se pueden dar pasos en una sociedad rota por el terror.

El silencio de la ausencia

Hubo quien tuvo la osadía de criticar lo que hizo. La dignidad de este padre está al alcance de muy poca gente. Hoy, cuando parece que toda la atención está en otros lados, me ha dado por pensar en Xavi y en Javi. En el niño y en el padre. Y en el resto de su familia y de las que sufrieron los atentados. De vez en cuando quizá es bueno volver al origen. Volver al principio. Me ha dado por pensar en cómo empezó este verano para ellos y cómo ha terminado. En cómo te levantas y te acuestas cada día con esa angustia que nunca se marchará. En los silencios que deja una ausencia así. En los recuerdos de aquel día que no podrás espantar y en los que quieres que no se alejen nunca porque es la manera de tenerle presente. En esos sonidos infantiles tan tiernos que ya no escucharás. En cómo se han marchado para siempre sus abrazos y sus besos. En cómo se puede seguir adelante a pesar de todo. Volvamos a Xavi. A su familia. Volvamos a ellos de vez en cuando. Siguen siendo lo importante.

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