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Peccata minuta

Paseantes por la Rambla.

ALBERT BERTRAN

La paz es posible

Joan Ollé

Una vez cerrados los periódicos, apagadas las radios y las televisiones y desconectado el móvil y sus tuits, podemos regresar a la vida

Una vez cerrados los periódicos, apagadas las radios y las televisiones y desconectado el móvil y sus tuits, podemos regresar a la vida. Por las calles pasean gentes que, aunque encorvadas por la joroba mediática, miran escaparates, comen helados, reparten octavillas que anuncian restaurantes e incluso se cogen de la mano. Algunos sonríen, porque saben que el paraíso está a la vuelta de la esquina, otros se ríen de ellos a carcajadas, pero los más, tristísimos, deseamos ardientemente que esta pesadilla y todas sus sobreactuaciones, mezquindades y mentiras remitan de una vez y (re)conquistemos el reino del entendimiento y la razón.

Escribió Peter Handke que una cartuchera de revólver no es verdad, así como tampoco lo son las imágenes que hablan y gesticulan desde la pantalla del televisor. Si el famoso marcianito regresara a la Tierra y se mezclase con nosotros, no daría crédito a los titulares prebélicos que conviven con una paz callejera casi islandesa. Es como si nuestros líderes se hubiesen encerrado en una 'escape-room' y llevasen años torturando nuestra tranquilidad porque, tontos, no encuentran la llave de salida.

La marmota, nuestro animal de compañía

No, un comunicado de la CIA no es una perfumada carta de amor, ni montar un ejército debería ser un repentino capricho nacido del orgullo de un éxito policial. ¿Anunciará en breve el 'president', cautivo en su propia espiral, que Catalunya debe contar sí o sí con bomba atómica y liderato en la carrera espacial? No, un misil sobrevolando Japón no es una estrella fugaz de una noche de agosto ni 16 muertos y 8 abatidos una cifra para clavar medallas en ninguna pechera, ni fabricar nuevos héroes, ni decir tres veces 'no' cuando era 'sí'.

Nos espera un otoño sin violines en el que veremos a nuestros representantes aplicar mil claves de judo a la lógica con tal de acuñar titulares que enardezcan, como un himno, a su parroquia; titulares que serán a su vez noqueados por la parte contraria con argumentos de cuarta mano que nada lograron anteriormente. Nuestro animal de compañía es la marmota. Ningún humano es capaz de serlo y poner orden entre iguales. La ley es un animal reventado bajo un mueble. La cultura hace tiempo que se alejó de nosotros. 

Caminos en la nada

Pero una vez cerrados los diarios, apagadas las radios y las televisiones y desconectado el móvil y sus tuits, la fruta sigue creciendo en las ramas, los libros en las bibliotecas y los juegos en los parques infantiles. Regreso a Handke: «En la historia humana no hay consuelo. Los gritos de terror continuarán. La única plegaria es la gratitud. Escuchad la música de las caravanas. Inventad caminos en la nada. Dejad que exploten los colores. El cielo es grande. El pueblo es grande. La paz es posible».

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