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EDITORIAL

El laudo del conflicto de Eulen

Es de esperar que el fallo del juez arbitral suponga el cierre de un agotador episodio que ha tenido en los usuarios a sus grandes perjudicados

Entrega del laudo, por parte del árbitro designado, a la empresa y al comité.

Entrega del laudo, por parte del árbitro designado, a la empresa y al comité. / JOSÉ LUIS ROCA

La primera reflexión que provoca el laudo arbitral del conflicto de los vigilantes del aeropuerto de El Prat es que el desenlace de este agotador episodio tiene en los usuarios a los grandes beneficiados. Porque ellos eran los perjudicados de un pulso que, si bien enfrentaba directamente a los trabajadores y a la empresa Eulen, eran terceros quienes sufrían sus efectos. Hasta el punto de que se ha dejado a los vigilantes –pese a sus legítimas reclamaciones salariales– en una posición de debilidad ante la opinión pública. Los usuarios de aerolíneas lo han padecido a lo largo de un mes, lamentablemente, también por la demora en la intervención de la Generalitat y del Gobierno.

Es de esperar que el laudo de Marcos Peña, presidente del Consejo Económico y Social (CES), suponga el cierre del conflicto. En ese sentido, cabe suponer que la asamblea de trabajadores lo ratificará el lunes. De no ser así resultaría incomprensible, porque el laudo recoge un aumento salarial de 200 euros mensuales para los vigilantes y la retirada de sanciones y expedientes, lo que había motivado la convocatoria de otra huelga para el 8 de septiembre. Por otra parte, también la empresa –a través de su presidente Emilio García– había mostrado su intención de acatar el fallo antes de conocerlo. El final del conflicto también debe llevar a Aena a recapacitar sobre las consecuencias de priorizar el ahorro, por delante de un buen servicio, a la hora de conceder contratos a empresas privadas.

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