04 jul 2020

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Josep Maria Bartomeu, presidente del Barça.

JULIO CARBÓ

El mismo club, dos caminos

Joan Carles Armengol

La política deportiva del Barça es caótica, al menos en su primer equipo de fútbol

No cabe duda de que el mercado de verano está dando mucho juego, y no solo por los disparatados precios que los clubs propiedad de los magnates de distintos países enriquecidos con carburantes están imponiendo en un fútbol desquiciado. El Barça ha sido, a la vez, víctima y beneficiado de esta locura, con los 222 millones de euros ingresados por Neymar que ahora dilapidará en menos de una semana.

El club azulgrana pagará muy caro no solo a Dembélé y a quien todavía está por llegar sino una política de fichajes errática, sin ningún sentido ni criterio. El caos en el que vive instalado el fútbol del club contrasta con el orden que ha sido capaz de  implementar en su sección estrella, el baloncesto, que está reconstruyendo a marchas forzadas, pero con aparente (y teórico) éxito, una plantilla que la pasada temporada se hundió en la mediocridad y que reclamaba a gritos una renovación prácticamente total.

La llegada de Nacho Rodríguez como mánager de gestión, por encima de Rodrigo de la Fuente, desencalló la gestión y ha sido el revulsivo de un nuevo proyecto que pinta bien, comenzando por un nuevo técnico (Sito Alonso) y siguiendo por un mínimo de ocho incorporaciones más o menos contrastadas, culminadas por un jugador franquicia como el húngaro Adam Hanga, considerado uno de los mejores aleros del continente.

DANDO TUMBOS

Veremos  si la reconstrucción del básquet azulgrana funciona, pero al menos está bien planteada. La del fútbol comenzó coja, prosiguió muy dubitativa y se completará como Dios (y no Bartomeu) quiera. El presidente quiso repetir la jugada del baloncesto en el fútbol situando a Pep Segura por encima de Robert Fernández, pero lo hizo tarde y mal, con el mercado ya en plena ebullición y desacreditando, en ocasiones, el trabajo hecho durante todo el año por un secretario técnico ahora en la cuerda floja. Solo hay que ver los tumbos dados en el caso del interés azulgrana por el francés Seri.

El Barça de fútbol adolece de una línea clara en su política deportiva y, sobre todo, de una falta de decisión alarmante. Hay que fichar antes y mejor (además de aprovechar la cantera, claro). No se pueden pagar 147 millones de euros (el segundo fichaje más caro de la historia, no lo olvidemos) por un jugador que el año pasado solo le reportó 15 millones al Rennes, su anterior club. Y no se pueden dejar escapar alegremente a valores como Asensio Ceballos (y ya no hablemos antes de Isco, Kroos o Modric, curiosamente todos ellos en el Real Madrid), por ahorrarse unos milloncejos que luego se multiplican por diez cuando estos jugadores ya están consagrados.