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Análisis

Flores y objetos de recuerdo en homenaje a las víctimas en la Rambla.

JOSEP LAGO / AFP (AFP)

¿Barcelona, una ciudad resiliente?

Carles Cabrera

La capital catalana tiene que servir de ejemplo para dar un paso de gigante en el ámbito de la capacidad de resistencia urbana frente al terrorismo

La resiliencia como principio es la capacidad de adaptarnos frente a un agente perturbador o de una situación adversa, recuperando el estado inicial una vez la perturbación ha finalizado. Este concepto de resiliencia es aplicable también a una ciudad, una región o un país.

Lo hemos visto estos días con el trágico atentado que ha sufrido la ciudad de Barcelona. Ha habido un excelente nivel de respuesta ciudadana tanto ante los hechos como ante sus consecuencias de los mismos (vías colapsadas, lugares no accesibles, controles policiales, solidaridad, atención a las víctimas y a sus familias, colectivos musulmanes...) y una rápida respuesta institucional y policial (seguridad, transparencia, seriedad, contundencia, eficiencia, comunicación fluida, respuesta inmediata). Sin duda, Barcelona ha sido un ejemplo de resiliencia ante la barbarie, como lo demuestra el hecho de que a menos de 24 horas del atentado ya se había recuperado el uso del espacio público, en este caso la Rambla, en un marco de normalidad.

Ahora bien, han pasado otras muchas cosas estos días. Desde el punto de vista positivo, hay que destacar la cohesión de nuestra sociedad y nuestros valores y la gestión y la respuesta de las personas que nos estaban visitando, sí, de los turistas. En este sentido, Barcelona ha demostrado su capacidad integradora y resiliente, no tan solo hacia su ciudadanía sino hacia el ingente número de personas que disfrutan de la ciudad.  

Desde el punto de vista negativo, no podemos obviar el lamentable espectáculo vivido en el mundo 'on line' y el triste papel de algunos, más preocupados por incentivar el rifirrafe político que por dar una información veraz de lo que estaba pasando.

Sacar conclusiones y tomar decisiones

Tampoco podemos dejar de lado el hecho que ahora se abrirá una etapa de necesario debate sobre cómo las ciudades se pueden preparar para afrontar esta nueva realidad del terrorismo. Y, probablemente, la respuesta no habrá que buscarla únicamente en el espacio físico ni en la presencia policial.

Está claro que Barcelona tiene que servir de ejemplo para dar un paso de gigante en el ámbito de la resiliencia a las ciudades, y eso tiene que empezar por un análisis pormenorizado de todo aquello que rodea una situación como la vivida, no solo bajo los parámetros de la seguridad sino a nivel educativo, social, económico, cultural, urbanístico, de movilidad... Hay que sacar conclusiones y tomar decisiones para mejorar todavía más, dado que difícilmente podremos evitar nuevas barbaries, pero sí podemos avanzar en la preparación de la sociedad y de la trama urbana ante esta nueva y triste realidad.

Corresponde al sector público, pero también al sector privado, liderar este proceso y encabezar el cambio cultural necesario para consolidar a Barcelona como ciudad resiliente. El verdadero retorno a la normalidad no es solo al día siguiente, sino la capacidad que tengamos para aprender de la situación y superarla siendo mejores, implicando a todos los agentes y organizaciones que lo pueden hacer posible.

La doctora Emmy Werner, una de las pioneras del concepto de resiliencia, lo define muy bien en el título de su libro de referencia, 'Vulnerable pero invencible'. Este sería el concepto con el que nos tendríamos que quedar: podemos seguir siendo vulnerables ante las nuevas formas de terrorismo, y lo seguiremos siendo, pero tenemos en nuestras manos ser invencibles, también como ciudades.