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EL ÓRDAGO INDEPENDENTISTA

Los portavoces de En Comú Podem, Xavier Domènech, y ERC, Joan Tardà, conversan en el Congreso de los Diputados.

JAVIER LIZÓN (EFE)

ERC, los ' comuns' y la nueva Catalunya dual

Roger Palà

En la Catalunya dual de los años 80 y 90, CiU y el PSC se repartían el pastel del poder político: la Generalitat para los nacionalistas, y Barcelona y su conurbación para el PSC. La Catalunya dual era una herramienta útil para los grandes partidos porque reforzaba sus marcos y relatos hegemónicos: el interior nacionalista y 'barretinaire', y la ciudad españolista y anticatalanista. Además, relegaba el resto de opciones políticas a un rol subsidiario y garantizaba un reparto equilibrado de prebendas entre convergentes y socialistas.

Este modelo funcionó durante tres largas décadas, con el breve paréntesis del tripartito de izquierdas. Pero en el año 2011 las cosas empezaron a cambiar. Seis años después, el estruendo de la crisis económica, la eclosión del 15-M y las grandes movilizaciones independentistas han modificado sustancialmente el tablero político. En Catalunya, esto se ha traducido en el ascenso de ERC, la emergencia del mundo de los 'comuns' y la eclosión de la CUP. La posibilidad de una alianza de estos tres espacios que desplazase del poder a CiU y el PSC, inmersos en una importante crisis de legitimidad y resultados, se convirtió en una posibilidad real después de las elecciones europeas del 2014 y las municipales del 2015, que dieron la alcaldía de Barcelona a Ada Colau y situaron a ciudades como Badalona o Sabadell en manos de gobiernos de izquierdas con el concurso de 'comuns', 'cupaires' y republicanos.

Unos y otros han creído que pueden edificar una nueva hegemonía sobre las ruinas de CiU y el PSC

Sin embargo, la 'real politik' de los últimos dos años ha ido alejando esta opción y, a la vez, alimentando otra: la posibilidad de que ERC y los 'comuns' acaben reeditando una nueva versión de la Catalunya dual. Junts pel Sí, al final, no ha resultado ser tan mal negocio para los republicanos, que con Artur Mas desplazado de la presidencia, ostentan la práctica dirección del 'procés' y de grandes áreas del Govern de la Generalitat. Al mismo tiempo, Barcelona en Comú ha consolidad posiciones en la capital a partir de un pacto con el PSC que en un primer momento fue presentado como instrumental pero que puede convertirse en estructural. Unos y otros han creído que pueden edificar una nueva hegemonía --la suya propia-- sobre las ruinas de los antiguos partidos que la ostentaban: ERC sobre la derrota del PDECat, y los 'comuns' sobre la del PSC.

En este contexto se entienden mejor los constantes rifirrafes entre 'comuns' e 'indepes'. Unas polémicas a menudo de poca importancia que, en cierta forma, reproducen y perpetúan los viejos esquemas de aquella Catalunya dual que creíamos superada: los 'indepes barretinaires' versus los españolistas supuestamente 'progres'. Pero hay una diferencia sustancial entre el momento actual y la vieja Catalunya de CiU y el PSC: ni ERC ni los 'comuns' están hoy por hoy en disposición de ostentar las grandes mayorías que convergentes y socialistas alcanzaron durante los años 80 y 90 a ambos lados de la plaza de Sant Jaume, porque la fragmentación política es mucho mayor. ERC y los 'comuns' tendrán que elegir si quieren seguir caminando solos o explorar las posibilidades de una alianza inédita de las izquierdas soberanistas que rompa con los marcos políticos y las viejas dualidades ya conocidas.

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