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EN PRIMERA PERSONA

Sobre mujeres, hijas e hijos

Lucía Etxebarria

Si una hija aprende que debe depender de su padre para defenderse, de mayor dependerá de su marido

Estimado Javier Cercas: el otro día escribió usted en un diario de la competencia un artículo sobre feminismo. Desde el máximo respeto, reconocimiento y admiración, le diré que creo que hay algunas frases que se prestan a ser carne de debate, y le agradecería que reflexionara al respecto.

Dice usted:  "No entiendo que, después de siglos y siglos de maltratos y explotación despiadados, las mujeres sigan aguantándonos, sigan queriéndonos y cuidándonos". Usted nos asigna  a las mujeres un papel de cuidadoras y soportes emocionales. Las feministas, precisamente, queremos superar estos roles arcaicos. Yo no cuido a ningún hombre. Tampoco aguanto a ninguno. Con mis parejas intento establecer la relación en un plano de igualdad y de apoyo mutuo. Y los hombres con los que me relaciono (amantes o no) son gente encantadora, de cuya compañía disfruto. No tengo que "aguantarles". Soy feminista porque no quiero tener que "aguantar". Y si por "querer" se refiere usted a amar, le recuerdo que en España más de un 10% de las mujeres son lesbianas, y casi dos millones de mujeres adultas viven sin pareja. 

Yo no cuido a ningún hombre. Tampoco aguanto a ninguno. Con mis parejas intento establecer la relación en un plano de igualdad y de apoyo mutuo 

Cuestión de conciencia

Dice usted: "Pero he observado que algunas cosas pueden resultar útiles; por ejemplo, tener una hija adolescente. De hecho, un amigo mío la tiene y, aterrorizado ante los peligros que la acechan, ha creado una Asociación de Padres de Hijas cuyo símbolo es una podadera y cuyo lema el siguiente: Capar, capar, capar. Vamos por buen camino".

Hace años tuve un novio negro. En el cine, la tele, las series no se le representaba. En la calle le llamaban "hey, negrito" o "tú, nocilla". Había barrios que debía evitar para no jugarse una agresión. Y le pedían los papeles cada dos por tres, dando por sentado que por ser negro era ilegal.

A mí no se me ocurrió montar una Asociación de Novias de Negros cuyo símbolo fuera un revólver ni cuyo lema fuera Disparar, disparar, disparar. No me erigí en su protectora justiciera. Además, por mucho que estar con él me hiciera ser más consciente de lo racista que es España, mi compromiso antirracista era previo a conocerle, pues tiene que ver con mi firme creencia en los derechos humanos, no con mi situación personal. Su amigo debería ponerse a favor de los derechos de la mujer por una simple cuestión de conciencia, no porque tenga una hija.

Menos capar y más empoderar

Por otra parte, como madre de una hija de 13 años le diré que la solución no pasa por capar. Pasa por empoderar. Por enseñar a las mujeres a defenderse por sí solas. Porque si una hija aprende que debe depender de su padre para defenderse, de mayor dependerá de su marido para defenderse. Y nunca será una persona autónoma. El mensaje que su amigo envía es que las mujeres no sabemos defendernos solitas. Y ese mensaje, precisamente, es machista.

Concienciar a los hijos

También le digo que está usted disfrutando de su privilegio masculino al hacer esta broma. Yo recibo a diario, a diario, insultos y amenazas por ser feminista ("puta", "gorda", "bollera", "feminazi"). Las amenazas no las ve usted porque el moderador las borra. Y no leerá los insultos más agresivos que me llegan por otras vías. Le digo yo que si yo hago la broma sobre podaderas y capar a gente y encima me atrevo a decir que ese es el buen camino, me denuncian por incitación al odio

Y la solución, sobre todo, no pasa por proteger a las hijas. Pasa por concienciar a los hijos, con o, para que en el futuro no haya que hablar de capar a nadie. No, no van ustedes por buen camino. Pero al menos se han atrevido a cuestionarse cosas, y eso se lo reconozco de corazón y con una profundidad que usted no imagina. Muchas gracias. 

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