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RESISTENTE RAJOY

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante un paseo matutino en Pontevedra.

EFE / ÓSCAR CORRAL

La leyenda del presidente ficus

Toni Aira

La etapa cumbre del proceso independentista pondrá a prueba a Rajoy y tendrá que reaccionar y desmentir el impasible proceder que le afean sus detractores

La que se prevé etapa cumbre del proceso independentista pondrá a prueba la leyenda de Mariano Rajoy y su impasible proceder. Fue elegido presidente casi por accidente. Después de dos intentos frustrados de asalto a la Moncloa. Bastantes años pasados desde una nominación a dedo que en su día había recaído en él contra la mayor parte de pronósticos. Y como relevo de un Zapatero chamuscado por una crisis económica sin precedentes. Pero él ahí estaba, y ganó, a pesar de que todavía en el 2011 pocos lo consideraban como ese líder antes discutido ahora elogiado por propios y extraños.

El relato del campechano servidor público que está ahí como podría estar en otro sitio, y a quien todo parece resbalarle bastante, apunta ciertas muestras de cansancio. Pero de momento le ha funcionado a la perfección, incluso en circunstancias críticas, aunque ahora el caso catalán le pondrá a prueba definitivamente. Tendrá que reaccionar, actuar, mostrar iniciativa y desmentir la leyenda de rey pasmado que le afean algunos de sus detractores. Se tendrá que quitar de encima la confortable máscara de cínico suficiente, pero esta ya le habrá servido para llegar donde está, una vez más, con opciones de éxito.

En este curso 2016-17 superó, por ejemplo, la moción de censura de Pablo Iglesias, que dejó para la posteridad (sobre todo para la inmediata de las redes sociales) el meme del presidente hablando de "cuanto peor, mejor" y el "beneficio el suyo". Pero consiguió, en ese desafío, que la mayor parte del tiempo pasara como si aquello no fuera con él.

Tiene a su partido hecho unos zorros con la corrupción, pero nos hemos pasado buena parte del tiempo hablando de los problemas del PSOE y de la vuelta de Pedro Sánchez. Y Rajoy mirándoselo a una distancia prudencial. Igual que ante el juez, contemplando en buena parte de su declaración cómo hablaban más los letrados y el magistrado que ese primer presidente del Gobierno de España en ejercicio que desfilaba ante un juez. Y Rajoy ahí, de fondo, mirándoselo como un ficus (pero no), confundiéndose con el paisaje. Este verano igual se acaba la función.