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El pesebre hípster de Modern Nativity.

La hora de dejar de ser 'outsider'

Sergi Torres

En octubre mi proyecto alcanzará el cénit. Me voy a dejar la barba a partir de ahora y por primera vez en mi vida

Lo tengo decidido. Ha llegado el momento y estoy preparado. Una vez cargado de razón, sé que a lo largo de este proceso me voy a tener que ir cargando de paciencia. Pero valdrá la pena. Estoy decidido a dejarme ir, que mi decisión vaya creciendo y que en octubre se convierta ya en una realidad frondosa para dejar de ser tan solo una yerma posibilidad onírica.

Ya lo tengo claro. Han sido meses y meses de contradicciones internas y de confrontaciones externas con amigos y familia sobre si es conveniente o no dar este paso agotando todo el proceso hasta sus últimas consecuencias. Y aunque pueda parecer pequeño, es un gran paso para mí como hombre y espero que a partir de octubre también lo sea para la humanidad, o sea, para mi colectividad. 

"Lo que ya no prometo es comprarme una camisa a cuadros, ni hacerme un tatuaje en el antebrazo en forma de triángulo equilátero"

Sin complejos

Se acabó lo de consultarlo con la almohada, lo de mirarme al espejo (y el ombligo), y, pensando de qué manera les puede afectar, se acabó también lo de sondear a mis hijos sobre si les parecería bien que papá se uniera a lo que ya se va convirtiendo en una mayoría estridente para dejar de estar al margen de una realidad incuestionable. Mi conclusión es que ya es hora de mojarme y dejar así de ser un 'outsider'.

No estaré tan equivocado si hasta los más recalcitrantes críticos, cuando menos escépticos, con todo lo que conlleva este proceso de transformación, han llegado a dar el paso y llevan tiempo siendo sus más grandes defensores sin fisuras. Tanto, que incluso los de mi generación se muestran orgullosos y exhiben sin complejos su nueva militancia en Facebook, Twitter Instagram.

Sentirme 'Hipster'

Si me considero un hombre independiente y quiero vivir como tal aceptando las nuevas reglas del juego y encarando el futuro con posibilidades de éxito tanto en el terreno personal como en el estrictamente profesional, tengo que hacerlo. Y aunque me lluevan críticas de familia y amigos, también quiero vivir este proceso al margen de halagos que, incluso a un hombre como yo que se apunta a la independencia moderna o a la modernidad independiente de una manera tardía, le pueden llegar a debilitar.

Vaya, que lo tengo decidido. En octubre mi proyecto alcanzará el cénit para poder ser y sentirme… 'hipster'. Lo anuncio sin fanfarrias pero con absoluta convicción: me voy a dejar la barba a partir de ahora y por primera vez en mi vida. Calculo que para octubre ya será una señora barba digna de un señor 'hipster', que es a lo que me pareceré entonces. 

Sopesar pros y contras

He tomado esta pilosa decisión después de meses de sopesar los pros y los contras, los cuales, confieso, no había llegado a calibrar del todo para poder inclinar la balanza, hasta que mi hija de 5 años me dijo que aunque le pincharía mucho cuando nos diéramos besos y achuchones, seguro que con barba yo estaría igual de guapo o más. 'Roma locuta', causa finita. Me la dejo y cuanto más tupida y menos pinche, mejor. Lo que ya no prometo es comprarme una camisa a cuadros como las que a veces me ponía en los 80, ni hacerme un tatuaje en el antebrazo en forma de triángulo equilátero. A no ser que me lo pida mi hija, claro.

Y aunque la barba es uno de los signos más democráticos de nuestros tiempos, y, paradójicamente, de reconocimiento social a menudo impostado, que no entiende de edad, raza o condición (afortunadamente sí sexual), ya os iré informando de cómo me sienta y cómo le sienta a mi vida la República Independiente de mi Barba. Pero como su instauración todavía no la recoge la Constitución, siempre estoy a tiempo de impugnarla y anularla en noviembre con un apurado afeitado.