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25 años de los JJOO

Pasqual Maragall posa en el trampolín de las Piscines Picornell cuando se cumplieron 15 años de los JJOO.

¿Enemigos para siempre?

Joan Ollé

Un cuarto de siglo después, el feliz consenso olímpico ha degenerado en una Catalunya dividida y la sonrisa del 92 se ha truncado en mueca amarga

Ya se ha apagado definitivamente la antorcha del recuerdo de los Juegoshace 25 años Barcelona era la ciudad más feliz del planeta, y por eso nos ha gustado evocarla y evocarnos. Otras noticias de aquel 92 fueron la celebración de los 500 años del descubrimiento y sodomización de América, el reconocimiento de que la Iglesia fue injusta con Galileo Galilei y la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Caben muchas cosas en un año, tantas como versos en un grano de arroz.

Y, ya puestos a mirar atrás, me he ido hasta 1967, 25 años antes del 92, y me he preguntado por qué no celebramos con igual intensidad que los pasados JJOO el medio siglo que nos separa de algunos hechos tan trascendentes como la inauguración de la discoteca Bocaccio, el primer recital de Lluís Llach como miembro de Els Setze Jutges, la apertura al tránsito de la avenida Meridiana, la inauguración del polígono de Bellvitge, el secuestro de la imagen de la Mare de Déu de Núria (como acto de apoyo a la campaña 'Volem bisbes catalans') y la elección de Juan Antonio Samaranch como procurador en Cortes por el tercio familiar.

Todo tiene su antes

¿Imaginan ustedes los JJOO sin la camisa azul de Samaranch? ¿Imaginan una Barcelona cosmopolita sin los pioneros esfuerzos neuroetílicos de la exquisita y nocturna 'gauche divine'? ¿Imaginan las grandes transformaciones urbanísticas de Maragall sin sus aberrantes antecedentes porciolistas? ¿Imaginan cardenales catalanes (verbigracia: Martínez Sistach) sin el oportuno secuestro de la Virgen de las Nieves? ¿Imaginan el 'procés' sin Lluís Llach? Todo tiene su antes.

¿Cómo recordaremos/recordarán en el 2042 la Barcelona y la Catalunya del 2017? ¿Como el año inaugural del viejo sueño de un pueblo por su libertad? ¿Como uno de los mayores ridículos internacionales de unos presuntos héroes con más épica que ética? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que el feliz consenso olímpico ha degenerado en una Catalunya dividida, que la sonrisa del 92 se ha truncado en mueca amarga y el 'Amigos para siempre' en una declaración de guerra

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