04 jun 2020

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ANÁLISIS

Un simple cartel indica la entrada en Irlanda del Norte (desde la República de Irlanda) y el límite de velocidad.

PAUL FAITH

Ir a misa y repicar

Montserrat Radigales

Desde que una mayoría de la ciudadanía británica votó a favor de abandonar la UE en el referéndum del 23 junio de 2016 estuvo claro que la cuestión de Irlanda (norte y sur) volvía a convertirse en una ‘patata caliente’, aunque afortunadamente sin la dimensión trágica que ha caracterizado su agitada historia.

Lo cierto es que lo de Irlanda tras el ‘brexit’ no tiene una solución fácil y habrá que echarle mucha imaginación. Se mire como se mire, la ahora inexistente frontera entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte se convertirá en una frontera exterior de la UE. Ya resulta irónico que dos de las fronteras exteriores de la UE  --otra es de facto la de Chipre-- vayan a estar en islas divididas por avatares de la historia contemporánea.

Lo que propone Londres en la práctica es una serie de artilugios para volver a algún tipo de frontera pero sin que se note y eso es rizar mucho el rizo. Al igual que con su propuesta de una unión aduanera temporal con la UE tras el ‘brexit’ es como querer ir a misa y repicar. O, como dicen en inglés, «comerse el pastel y seguir teniéndolo». Una cosa son las aduanas (o sea, las mercancías) y otra muy distinta los controles de inmigración (la gente), una de las espoletas que atizó el ‘brexit’.

Irlanda no entró en el espacio Schengen para no poner a riesgo su Common Travel Area (espacio común de libre circulación) con el Reino Unido, que precede de largo en el tiempo al ingreso de ambos países en la UE y permite a británicos e irlandeses moverse libremente por los dos países sin ningún obstáculo ni control. Si los ciudadanos de la UE siguen lógicamente gozando de la libre circulación en Irlanda y no hay frontera con el norte ni con el resto del Reino Unido ¿cómo diablos ejercerá Londres el control que tanto deseaba? Eso sin hablar de las sensibilidades relacionadas con el acuerdo de paz.

La irresponsabilidad de Cameron cuando convocó el referéndum para solventar un problema interno de partido fue descomunal.