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DOS MIRADAS

En la mirada del Nobel de Literatura persiste aún ese cordón umbilical que traza la historia del rock and roll

Un poco más y a Bob Dylan no le dan el Nobel (el dinero del Nobel) por culpa del discurso que se empeñaba en no escribir. Llegó minutos antes del cierre de las compuertas, justo cuando el comité sueco ya pensaba en qué invertir el dinero del premio, los ocho millones de coronas suecas, que el cantante parecía rehusar.

Ya fue un poco raro que no se presentara a la ceremonia y que incluso dijera que no se había enterado porque tenía un concierto, pero muchos pensamos que una cosa es hacerse el interesante y otra cosa es no cobrar –si te lo dan– el cheque de la Academia.  

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Escritora

Pero llegó el discurso y fue un texto precioso en el que Dylan dejaba claro que él se dedicaba a cantar y que no entendía por qué le daban el Nobel de Literatura, aunque al final citó a Homero ("canta en mí, oh Musa, y a través de mí cuenta la historia") para aliarse con los grandes sin dejar de pensar que "las canciones son diferentes de la literatura, están destinadas a ser cantadas, no leídas".

Historia del rock and roll

En el inicio de su discurso habló de Buddy Holly, a quien vio actuar una sola vez, días antes del accidente aéreo en el que murió. Dijo que, de pronto, le miró a los ojos, en medio de la muchedumbre, y pareció que le pasaba el testigo. Pocas veces se ha escrito, en unos Nobel, un episodio tan emocionante. En la mirada de Dylan persiste aún ese cordón umbilical que traza la historia del rock and roll

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