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El riesgo de no hacer nada

José Luis Sastre

Rajoy tiene una estrategia frente a la adversidad con la que intenta avanzar sin moverse, para evitar lesiones y lumbalgias

Mariano Rajoy tiene una estrategia frente a la adversidad, que es no inmutarse. Así salió de la Audiencia Nacional el día en que acudió a declarar como testigo, como si la historia no fuera con él porque "las cosas son como son y no como a uno le gustaría que fueran". En el momento de mayor aprieto de aquella declaración, le preguntaron qué le quiso decir a Bárcenas cuando le dijo que hacían lo que podían y el presidente del Gobierno salió sin inmutarse: "Hacemos lo que podemos significa que no hacíamos nada". Se oyó un runrún en la sala de vistas, pero nada alteró el gesto del presidente. Rajoy se envuelve en sus propias frases para protegerse de la realidad, de manera que cuando este lunes le preguntaron por los planes que tiene para los días previos al 1 de octubre pareció hasta sorprenderse por la pregunta. "Antes del 1 de octubre no soy partidario de hacer nada".

Mariano Rajoy tiene una estrategia frente a la adversidad con la que intenta avanzar sin moverse, que es la forma más segura de evitar las lesiones y las lumbalgias, de las que también hay en política. Tras despachar con el Rey en Marivent, el presidente dejó ir en una frase una manera de entender el mando: "Yo en este momento me dedico a gobernar, que es mi obligación, y cuando llegue el momento de hacer política, la haremos". El presidente separa la política y el ejercicio del Gobierno, como si el Gobierno fuera una burocracia, y espera que las cosas pasen, o no pasen, agarrado a la frase de que no va a haber referéndum, igual que cuando proclamó que la corrupción se esfumaría porque "esto se acabó y ya no se pasa por ninguna". Hace poco, en el Congreso, Rajoy utilizó un recurso semejante para Catalunya: "El Gobierno sabe perfectamente lo que hay que hacer". Sin política, sin concreciones, el presidente despacha la crisis con frases, aunque se trate de la crisis que más le importe, según dijo del proceso catalán.

En el Gobierno, sin embargo, están convencidos del acierto de su estrategia, porque baja el número de independentistas, porque Rajoy se presenta en Catalunya para dar mítines como los que dará en septiembre y porque ya dijo 'The Economist' -aquí a todos les gusta citar a la prensa internacional- que Rajoy es "poco imaginativo aunque eficaz". En la política puede importar la imaginación, pero en la idea que el PP tiene del Gobierno lo relevante es la eficacia. Del encuentro con el jefe del Estado, el presidente del Gobierno salió con la idea de no inmutarse hasta que fracase el independentismo y "España dé un mensaje al mundo de que este es un país serio". A partir de ahí, tratará de armar un bloque junto al PSOE y a Ciudadanos con el que explorar un escenario nuevo y esa reforma de la Constitución de la que, en realidad, nunca ha sido partidario. Rajoy tiene una serie de frases con las que permanecer quieto y protegerse de las lumbalgias, acudiendo en todo caso al recurso judicial, y deja para más adelante el momento de hacer política, con el riesgo de que para cuando recurra a ella quizá tenga que desenredarla de una maraña de frases y un montón de burocracia. 

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