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En primera persona

Irse a Tailandia o al pueblo no es tan distinto. Por surrealista que parezca, en ambos sitios hay controles de aduanas


Tailandia, Bali, Sri Lanka, Filipinas… El sudeste asiático está de moda y si no has ido o no  planeas ir este verano es que no estás en la onda. Las playas paradisiacas, las fiestas llenas de occidentales borrachos o las intrépidas rutas por carretera en motos destartaladas son parte del atractivo que ofrecen estos países asiáticos y que atraen a tantos jóvenes desde hace unos cuantos años. He de reconocer que o soy muy friki (que puede ser) o muy pobre, porque ni  he podido ir, ni podré ir en un periodo de tiempo razonable. Soy la resistencia, supongo, aunque tampoco tengo mucha más opción.

Cada vez que se acerca el verano, los muros de la red social que esté de moda en ese momento (antes era Facebook, ahora Instagram) se llenan de fanfarronas instantáneas en las que tu amigo, compañero de trabajo, o vecino del quinto presume de vacaciones. En ellas se refuerza esa ley no escrita de que si no pasas tus vacaciones en un destino exótico, no disfrutas, y ahí es donde quiero entrar a reivindicar.

Acostarse de día

Todos los modernos, que tomáis 'smoothies' en vez de batidos y coméis 'muffins' en vez de magdalenas, tenéis que saber que las fiestas de pueblo también molan aunque no tengan ningún nombre extravagante o en inglés. Y es que, seamos sinceros, no será lo más 'fashion' e igual no tiene ni geolocalización en Instagram, pero seguro que tiene una época de fiestas mayores en las que no hay excusa que valga para acostarse antes de las 6 de la mañana.

El pueblo de mi padre, en un rincón de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme (tenía que soltar la bromita o reventaba), es uno de ellos y en sus fiestas, como en las de muchos otros, tanto te puedes encontrar bailando un pasodoble con tu abuela, a 'Paquito el chocolatero' con tu tía como la canción del verano con tus amigos.

En eso, son especialistas las bandas que animan la fiesta con los temazos del 'Caribe Mix 2006'. Así dicho suena un poco cutre, pero seguro que suena alguna y te la sabes de principio a fin. Ya se sabe, la música está desfasada pero, ¿qué más da? Al final, la juerga sigue siendo épica y terminas desayunando huevos fritos con ajo y carne al montón. Es una bomba calórica, sí, pero también resulta una prueba fehaciente de que no se necesita nada más para pasarlo bien.

Mojitos en la plaza

Oye, que los que veraneamos en el pueblo también molamos. Igual en nuestras fotos no hay cocos en la playa pero bien podemos presumir de mojitos en la plaza. No habrá fotos sin casco en una motocicleta, pero sí yendo a la piscina en bicicleta, y es que, al final no  dormirás en un albergue con otros guiris, pero compartes el sofá cama del recibidor con tu prima pija a la que no soportas, que más o menos…

Al final, irse a Tailandia o al pueblo no es tan distinto. Por surrealista que parezca, en ambos lugares hay controles de aduanas, y si eres de pueblo seguro que sabes a lo que me estoy refiriendo y te sabes al dedillo tu árbol genealógico, con motes incluidos. No es broma. Quizá en tu pueblo no hay policías ni tampoco controles de equipaje, pero seguro que hay viejas en los poyetes. «¿Y tú de quién eres?», otra vez la misma pregunta, piensas. «La nieta de Pepe y Carmen de la placeta, señora. La hija del negro, el de Barcelona». ¡Prueba superada! (hasta la próxima esquina).

Bueno, las cosas como son, los pueblos, al final, son pequeños, para bien o para mal, y en ellos, la máxima preocupación de estas fechas es elegir en qué bar tomarte la caña o de qué lado tumbarte en la piscina… Total, ¿las vacaciones no eran para descansar? Disfrutar es lo que importa
 

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