29 mar 2020

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Una ciudad surrealista

Colas en el aeropuerto de El Prat para pasar el control, en agosto el 2017.

DANNY CAMINAL

Dalí era de Barcelona, ¿no?

José Antonio Bueno

Los ciudadanos debemos hacernos oír para que no parezca que lo que está pasando no nos importa

Cuando una ciudad se queda sin taxis, sin metro, sin trenes y hasta sin bicicletas, cuando su aeropuerto se colapsa por una huelga de celo, se asaltan autobuses de turistas, se 'okupan' viviendas, se practica sexo en la calle y, en general, el desgobierno impera en cada esquina de la ciudad es hora de preguntarse quién nos gobierna, o mejor dicho quiénes son los culpables de un desgobierno que parece que no nos importa a los ciudadanos. No los encontraremos en 'Madrit' sino probablemente a ambos lados de la plaza de Sant Jaume.

Barcelona tiene una indudable tradición anarquista y ahora vivimos en uno de sus momentos más álgidos. Los ciudadanos tenemos que hacernos oír anteponiendo de una vez nuestros intereses a los de nuestros próceres que se debaten en la duda hamletiana de elegir entre la patria o el patrimonio, cuando no declaran que su Itaca está en Senegal o tratan de crear espacios imposibles de utopía anarquista. Si no fuese porque están jugando con nuestro presente y, sobre todo, con nuestro futuro sería para morirse de risa, pero lo que ocurre es realmente indignante.

Es un auténtico milagro que Barcelona siga siendo una ciudad atractiva para el resto del mundo cuando somos incapaces de respetarnos a nosotros mismos. Cuando alguien entra en Francia con un bolso falso se enfrenta a un muy serio problema mientras que la imagen de manteros al lado de tiendas de lujo en nuestra ciudad es tan surrealista como penosa. Como lo es la rigidez de horarios de una ciudad que vive del turismo, ojalá aprendiésemos de, por ejemplo, La Roca del Vallès, muestra de pragmatismo y sensatez, pues se declara turística para que su excelente 'outlet', fuente de empleo y riqueza, esté abierto más de 12 horas diarias, 360 días al año.

Una travesura de viejetes

Hemos llegado a un punto en el que nada parece importarnos. Lo del Palau es una travesura de un par de viejetes de la que nadie sabía nada, el 3% no pasa de ser un peaje de quienes nos han gobernado muchos años, y no nos importa que varios de los futbolistas más famosos, referentes de nuestra juventud, eludan impuestos como el que espanta moscas. ¿cómo podemos aplaudir a quien es coparticipe por su insolidaridad de todos los recortes de los que luego nos quejamos? Si no hacemos nada tampoco tendremos derecho a quejarnos.

La crisis que movilizó a la sociedad está terminando, al menos en sus grandes cifras, y ahora todos, de nuevo, nos amoldamos a lo que hay. El 'barceloní' probablemente es el ser humano más acomodaticio del globo, todo nos va bien, incluso la lacerante desigualdad que nos rodea en un desgobierno sin igual. Las 'ratios' económicos están, indudablemente, mucho mejor, pero nuestra sociedad no lo está. Pero nos es igual, es hora de pedir otra ración de berberechos.

Ahora que están analizando el ADN de Dalí sería bueno comprobar que realmente nació en Figueres porque Barcelona es cada día más la patria del surrealismo. Y estoy convencido que el Institut Nova Història descubrirá muy pronto que en realidad Kafka también nació en Barcelona. Es imposible que lo que está sucediendo será real.