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Dos miradas

Un enjambre de palabras

Emma Riverola

Espinàs, cada día, durante años, enlazando la historia de todos


Un pastel con 90 velas. No es fácil llegar hasta él. Tampoco apagar todas las llamitas. Cada una representando un año de vida. Su visión causa cierto vértigo. Cientos, miles de emociones, sentimientos, momentos, recuerdos y personas bailan en esas llamas titilantes. Pero el tiempo pasa, la cera se deshace y, antes de que pierdan su forma, antes de que se derramen, llega el momento de soplar sobre ellas. Entonces, viene el bufido. Largo, muy largo. Quizá es necesario alguno más para acabar con tanta llama traviesa. Y una nube de humo se extiende unos segundos sobre el dulce.

También el humo se va. Y parece que ya no hay modo de recuperar lo consumido. Pero enhebradas en la mecha, en esa cuerdecita quemada en un extremo y que se pierde en el interior de la cera aún intacta, un enjambre de palabras permanece inalterable. No hay modo de contarlas. Se antojan infinitas. Son tantas. Es tan sólida su presencia, tan honda su huella, que se prolongan más allá de las mechas. Trascienden las velas, el pastel, la celebración incluso.  Un hervidero, un torrente, una multitud de palabras que, día a día, han ido cobrando forma, eligiéndose unas a otras, creando una intención, rasgando el silencio, convirtiéndose en mirada particular, pero, también, en espejo de la realidad.

Cada día, durante años, enlazando la historia de todos
 

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