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En primera persona

«Ya que no puedo disfrutar en el chiringuito frente al mar, egoístamente prefiero una buena ventolera. Me sobra resentimiento, lo sé»


Una de las cosas buenas que tiene trabajar en verano es que algunas noticias las cuentas, pero no las padeces. Me refiero, por ejemplo, a las olas de calor. El del tiempo explica que en no sé dónde están a 42 grados y tú, mientras tanto, te encuentras alegremente al fresco del plató. Allí, para combatir la fritura que te provocarían los focos, el aire acondicionado va a todo trapo. Yo algunas veces veo bailar los pelos de mi flequillo. De hecho, siempre he sostenido que podría no peinarme y ahí estaría el toldo, más tieso que el bigote de Dalí el día de la exhumación. Así que cumplo a rajatabla con mis orígenes norteños: siempre voy con la chaquetica. Para los que estamos a cubierto, el calor exterior se afronta con terror. Recorrer los metros que separan la puerta del trabajo del aparcamiento, supone pasar de sentirte como un gazpacho fresco a sentirte como un pollo a l’ast.

El contraste hace que no entendamos bien los pronósticos. Al menos, yo. Esta semana nos contaban los expertos que el verano está flojeando, porque en algunos puntos íbamos a superar por poco los 30 grados. A mí, que soy de Pamplona, con sus chaparrones, su manta en agosto, su frescor nocturno, me provoca espasmos que alguien diga que el verano chochea cuando los termómetros marcan 35. Ya que no puedo estar en el chiringuito frente al mar, egoístamente prefiero una buena ventolera. Me sobra resentimiento, lo sé. 

Otra de las noticias que hemos contado y no vamos a padecer es la de la avioneta que va a fletar Hazte Oír para recorrer las playas españolas. Reconozco que es un asunto que me fascina: en pleno verano, en tiempo generalmente de ocio, esta organización mantiene intactas las ganas de seguir dando la chapa con los penes y las vulvas. Si lo llegamos a saber, elegimos montaña. Esta plataforma se va a gastar «entre 15.000 y 20.000 euros» en esta iniciativa aérea. Parece un precio de temporada alta, aunque todo es cuestión de prioridades. El lema que van a exhibir es 'Ley mordaza LGTBI: van a por tus hijos'. Es algo ligerito, así, para el encefalograma plano al que aspiras en agosto. 

Cuando yo era pequeña (de edad), los aviones que pasaban por la playa hacían publicidad de zapatillas y cremas solares y lanzaban balones al agua. Mi padre se dislocaba la cadera una vez al año, mientras corría mar adentro para conseguirnos uno. Hazte Oír no solo no tira balones sino que, bajo el manto de su libertad de expresión, tira por los suelos las aspiraciones de todo un colectivo que no hace daño a nadie. Y es cierto: todo el mundo tiene derecho a opinar. Lo que ocurre es que me parece que no dicen la verdad

Contra la intolerancia

Aseguran que la asignatura de Educación para la Ciudadanía empuja a los menores a cuestionar su propia sexualidad e incluso les anima a retozar con personas del mismo sexo. En la playa, ahí, ahora que ha terminado el curso y has aprobado la materia, hay que rebozarse por la arena con todo el mundo porque lo ha dicho la profesora de Sociales. Y luego, además, espetar «van a por tus hijos» a los padres que tienen a sus cachorros desperdigados por la playa haciendo castillos de arena es de un mal rollo tremendo

«Van a por tus hijos». Suena a una especie de plaga, peor que la que llenó de piojos la cabeza de tu niño en el último trimestre. Es para salir corriendo sin recoger la sombrilla. Yo no veré la avioneta naranja de Hazte Oír, pero ninguno deberíamos estar exentos de protegernos contra la intolerancia con factor total.

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