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Editorial

Jugar a pelota en la calle

La calle es de todos y debe priorizarse la convivencia, pero, asimismo, el espíritu lúdico que confiere no solo vitalidad sino seguridad al espacio público

Niños jugando a la pelota en la plaza de Navas, en el Poble Sec.

Niños jugando a la pelota en la plaza de Navas, en el Poble Sec. / JORDI COTRINA

La ordenanza de convivencia, también llamada de civismo, persigue la idea, desde hace más de 10 años, de conseguir una ciudad habitable y respetuosa, y se refiere a asuntos tan diversos como los actos vandálicos, la mendicidad, la venta ambulante, la contaminación acústica o el hecho de dormir o hacer las necesidades en la vía pública. Entre los asuntos que trata, también se halla el del juego de pelota en la calle. Aunque, textualmente, «no prohíbe los juegos en el espacio público», sino que «quiere evitar su uso inadecuado», lo cierto es que las plazas de la ciudad están plagadas de carteles que hacen explícita la prohibición y se prevén sanciones para quien juegue el balón, con multas de hasta 1.500 euros. En el 2015, la Guardia Urbana impuso 39 multas y, en 2016, 10. 

La intención del equipo de Ada Colau es reformar la ordenanza durante este mandato para evitar, como ella misma ha declarado, prohibiciones como esta que «atentan al sentido común y no tienen justificación». Antes que multar, el gobierno municipal apuesta por invertir la prohibición a partir de principios de tolerancia, en un entramado en el que tienen vital importancia educadores y mediadores, y también medidas alternativas como las aplicadas en el barrio de Gràcia: juegos con pelotas de espuma o actividades que no se centren solo en el fútbol, aptas para todos. La calle es de todos y debe priorizarse la convivencia, pero, asimismo, el espíritu lúdico que confiere no solo vitalidad sino seguridad al espacio público.