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La Catalunya talibana

Joaquim Coll

Clinton nos regaló en el 2001 ese bonito titular de que "el futuro del mundo será catalán o talibán"

En octubre del 2001, el expresidente Bill Clinton viajó a Barcelona para impartir una conferencia, bajo el impacto todavía del atentado a las Torres Gemelas. Fue entonces cuando nos regaló ese bonito titular de que "el futuro del mundo será catalán o talibán". Lo justificó diciendo que Catalunya es "un modelo de diversidad" que "ha dicho 'no' al separatismo, la violencia y el terrorismo", mientras "las diferencias son lo único que cuenta en el modelo talibán", señaló. Viendo lo que nos ha sucedido desde el 2012 con el proceso separatista, construido en base a la exaltación de las pequeñas diferencias, el supremacismo y la retórica de los agravios, está claro que hoy ya no diría lo mismo.

Esta semana hemos celebrado 25 años de los Juegos Olímpicos. ¿Quiénes intentaron deslucir ese trascendental momento con pitos y pancartas? ¿Quiénes llevaron a cabo la campaña 'Freedom for Catalonia' para explicar al mundo que éramos una colonia española y exigir la autodeterminación? Pues substancialmente los mismos que hoy llevan las riendas de la Generalitat. En esas acciones jugó un papel el ahora máximo responsable político de los Mossos, el 'conseller' de Interior Joaquim Forn, que poco después entró a formar parte de los jóvenes "talibanes" de CDC, junto a Oriol PujolFrancesc Homs o Josep Rull, nombrado también 'conseller' con la salida de los tibios del Govern. Curiosamente, la etiqueta de "talibanes" se la pusieron los convergentes veteranos y posibilistas para retratar el fundamentalismo nacionalista del que hacían gala aquellos jóvenes hasta el punto de que parecían "estudiantes afganos del Corán", se filtró en prensa.

Hace 25 años, para esos "talibanes" que ahora mandan en la Generalitat la Barcelona del 92 era un proyecto peligrosísimo de españolización porque ponía en valor la España moderna, desacomplejada, plurilingüe, formada por diversas capitales, donde todas las administraciones y medios públicos cooperaban bajo un espíritu federal. Pasqual Maragall hizo un emocionante discurso de inauguración en catalán, castellano, francés e inglés como alcalde pero también en nombre de Catalunya y toda España.

Puigdemont, activista

Sin embargo, el recuerdo que principalmente les ha quedado a esos "talibanes" de lo que fueron los Juegos del 92 es que el juez Baltasar Garzón ordenó detener a bastantes personas vinculadas con el independentismo y Terra Lliure en el marco de una operación antiterrorista muy cuestionada. El entonces treintañero Carles Puigdemont, que ya militaba en entidades ultranacionalistas como la Crida, no se hizo voluntario olímpico sino activista en la organización de actos contra esas detenciones. Y por eso esta semana ha querido ensombrecer en el Parlament la celebración de las olimpiadas aludiendo a las torturas contra independentistas y destacando un balance negativo.

Sin esa imagen de simbiosis que transmitieron Barcelona, Catalunya y España, Clinton jamás nos hubiera obsequiado con ese "el mundo será catalán o talibán". Pero nuestros "talibanes" nacionalistas, entonces muy minoritarios, ya trabajaban con denuedo para extender su fanatismo. No lo olvidemos.

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