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Dos miradas

Kilian Jornet, en el campo base avanzado, tras descender del Everest, este domingo.

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Manda la imaginación

Emma Riverola

Leyenda de las carreras de montañas, este joven de Sabadell pronto no tendrá ningún otro nuevo reto a su alcance


Se calcula que el 'enxaneta' de un' castell' de nueve pisos hace la 'aleta' –alzar la mano para anunciar que se ha coronado la construcción– a unos 10 metros de altura. La idea en sí ya provoca cierto ataque de vértigo, cuando no, directamente, de pánico. Ahora, imaginemos que sobre ese 'castell' se alza otro. Y otro. Y otro más. Y muchos, muchísimos más. Hasta llegar exactamente a los 884 'castells' de nueve pisos uno encima de otro. 884. ¿Tratamos de imaginarlo? Uno, dos, tres… veinte…. ¡cuidado con ese pájaro!... cuarenta, cuarenta y uno… Trescientos… ¡El helicóptero!... Setecientos… Ya. Me rindo. En mi imaginación acaba de sonar un crac que no augura nada nuevo. Como mínimo, una distensión de ligamentos que temo de penosas consecuencias. ¿Cómo se hace reposo de la imaginación? ¿Existen bálsamos, vendajes o antinflamatorios especiales para tan etéreo no-órgano? ¿Cómo se vive con una imaginación distendida?

Opinión exprés

Kilian y el miedo

Quizá es eso. Quizá no es su cuerpo. No es ese corazón extraordinario capaz de soportar durante cuatro o cinco horas el ritmo que un corredor bien preparado de 25 años solo soportaría cinco minutos. No es su nivel tan bajo de grasa ni su peso muscular. Tampoco ese consumo máximo de oxígeno increíble. Quizá, lo que ocurre con Kilian Jornet es que hace mucho que sintió ese crac. No hay límites donde manda la imaginación.