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AL CONTRATAQUE

PROTAGONISTA3Abajo, Andy Serkis, otra vez caracterizado como César, en un momento de La guerra del planeta de los simios. A la derecha, un fotograma del filme de Matt Reeves.

Sesión de noche

Javier Pérez Andújar

Con 'La guerra del planeta de los simios', o con las películas de Marvel, se manifiesta la urgencia de convertir en ciencia ficción el propio presente

Como todavía queda tiempo para que se desvele el misterio del Toisón de Oro, por darle un nombre menos aburrido al 1-O, me fui a ver 'La guerra del planeta de los simios'. Iba a decir que tenía mono de esa serie, pero las frases hechas las carga el diablo. Me enganché de niño desde la primera, con Charlton Heston vestido de padre del desierto evocando el monacato primitivo, que no es un mono pasota prehistórico sino la historia de los eremitas, los anacoretas, los cenobios (los cenobitas de Hellraiser nos recordarían otro tipo de penitencia en unos años en que la gente era carne de otros enganches).

Creo que vi 'El planeta de los simios', la del 68, en aquel 'Sábado cine' de los años 70, que presentaba Martín Ferrand. Un truco para recordar cuándo se vio una película entonces: si era por la noche, probablemente fue en 'Sábado cine', y si era por la tarde, debió ser en 'Sesión de tarde' (aunque también pudieran ser en 'Primera sesión' y en 'Sesión de noche').

Opinión exprés

La tranca líquida

Antonio Franco

Periodista

En 'El planeta de los simios', Heston es un hombre espiritual, ha viajado en el tiempo. Es también un estilita que al ver la Estatua de la Libertad hundida comprende que no tiene stylos (columna) donde subirse. Aquellos monjes solitarios del desierto transformaron la nada en estilo. Luego los trovadores harían lo mismo, y Guillermo, duque de Aquitania, escribiría: 'Farai un vers de dreit nien' («Haré un verso sobre absolutamente nada», en traducción del sabio profesor Martín de Riquer). Junto con Charlton Heston, hubo otro último eremita del desierto en la cultura popular, otra criatura de vida ascética condenada a no comer más que langostas: el Coyote.

NADA MÁS REAL QUE LA GUERRA

Sin embargo, 'La guerra del planeta de los simios' transcurre en un frondoso bosque. Quizá se deba a que la realidad es ahora un desierto. Nada más real que la guerra. La de la Tormenta del Desierto en la invasión de Irak en 1991; el Estado Islámico ondeando su bandera negra como Tamerlán en los desiertos de Siria e Irak; la silenciada guerra civil de Yemen, repleta de potencias internacionales.

'La guerra en el planeta de los simios' transcurre en los días actuales o en un futuro que rozamos con la yema de los dedos, y así hemos dado alcance a la ciencia ficción. Estaba cantado desde que llegamos al año 2000. Desde niños esperando ese momento, y resulta que el futuro estaba en un nombre y no en nuestros días. El planeta donde aterriza Charlton Heston es el de su propio futuro, y el del nuestro, aunque nos parezca el pasado. Con 'La guerra del planeta de los simios', o con las películas de Marvel, se manifiesta la urgencia de convertir en ciencia ficción el propio presente. Cada cual a su manera.

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