07 ago 2020

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25 años de los JJOO de Barcelona

Los integrantes del ’dream team’ reciben de Samaranch la medalla de oro. 

ALLSPORT / MIKE POWELL

Sin grandes reyes ni reinas

Edwin Winkels

Fue como si los deportistas, el 'dream team' al margen, aceptaran que la ciudad era la única estrella

Huang Young-Cho, se llamaba. De Samcheok, Corea del Sur. El domingo 9 de agosto de 1992 fue el último campeón de los Juegos de Barcelona. El último en recoger una medalla de oro. Ganó el maratón con  un registro pésimo. Un maratoniano jovencísimo, de 22 años, y desconocido. A la gente le daba igual. Cientos de miles de personas llenaban las calles en esa calurosa tarde dominical para ver pasar los últimos atletas de unos Juegos inolvidables.

Huang Young-Cho podría ser el paradigma de los JJOO de Barcelona. Unos Juegos en los que ningún atleta sobresalió por encima de otros, unos Juegos sin grandes estrellas; ninguna sorpresa de una mujer o un hombre que acaparara cuatro o cinco medallas de oro. Como si los deportistas mismos aceptasen que la única estrella fuese la ciudad que les acogió con calor, amabilidad y agilidad. No hubo increíbles récords mundiales, ni reyes ni reinas de Barcelona.

Fueron unos Juegos en medio de muchas convulsiones políticas. El país que más medallas ganó se llamaba Equipo Unificado, delegación que incluía los restos de la extinta Unión Soviética. Tercero en el medallero fue Alemania, por primera vez con un equipo único desde la caída del muro, RFA y RDA juntos, aunque entre ambos, al final, con 60 medallas menos que cuatro años antes en Seúl. Y acudió la antigua Yugoslavia traumatizada por una terrible guerra: serbios, bosnios y croatas enfrentados en delegaciones independientes.

Si queda algún recuerdo de una actuación apabullante, ese fue el de los invitados más atípicos a la fiesta del deporte amateur, el 'dream team' que el básquet profesional de la NBA mandó por primera vez a unos Juegos, con permiso del COI. Un equipo de ensueño. Ver a estrellas como Michael JordanMagic Johnson, Charles Barkley, Pat Ewing, Larry Bird o Karl Malone, no solo en la pista, sino también de madrugada en plena Rambla, fue uno de los mayores alicientes.

Para la competición, su presencia fue nefasta. La mínima ventaja que sacaron a un rival, en la final ante Croacia, fue de 32 puntos; la máxima, 68 ante Angola, precisamente verdugo de una decepcionante España, que acabó novena. Aun así, fueron los mejores Juegos para una delegación española, fruto de fuertes inversiones y muchos otros estímulos para sacar buena nota en los primeros Juegos en casa. Quedó España sexta en el medallero, lo nunca visto, con 13 medallas de oro, sobre 22 en total. Podios que elevaron a sus protagonistas a una popularidad que nunca hubiesen imaginado, los atletas, las judocas, los regatistas, un nadador, un ciclista, un trío en el tiro con arco, las chicas de hockey, los chicos del fútbol…

Todos tuvieron su gloria, el premio por el que tantos sacrificios habían hecho durante años. Ganaron, y siempre se quedarán con ese recuerdo de Barcelona que para ellos, sin ser grandes estrellas, es muy especial.