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Efecto llamada o efecto asesino

Rafael Vilasanjuan

Los gobiernos europeos ponen en el punto de mira a las oenegés que rescatan inmigrantes

La pregunta es tan sencilla que tal vez por eso se esté dejado de lado mientras se pudre una situación con consecuencias criminales cada vez mayores. Estamos mal preparados para responder a la cuestión de cómo acabar con el conflicto en Siria en Somalia. Tampoco tenemos respuesta a cómo conseguir un mundo mas justo y en paz. Pero hay una pregunta en el aire y no es ninguna de estas, una pregunta sencilla y directa que nadie parece querer plantearse ni responder ¿Qué vamos a hacer con los refugiados?

La cumbre del G-20 tenía este fin de semana una oportunidad para haber acordado respuestas al atolladero, pero solo ha sido un punto mas en la agenda, con bellísimas palabras, puede que también intenciones, para que nada cambie y los que finalmente se atrevan a cruzar el Mediterráneo sigan muriendo como chinches, como si ocultando el problema dejara de existir ¿Qué vamos a hacer con los refugiados?

Cada día hay 35.000 personas mas huyen de situaciones de conflicto, de violencia y persecución. Si no podemos acabar con las guerras y el hambre, al menos tenemos la responsabilidad de auxiliarles e intentar salvar sus vidas cuando están pasando por esta situación crítica. Solo el último fin de semana llegaron a Italia mas de 12.000 valientes, en buena parte menores, que han conseguido salir del infierno en Libia y cruzar el Mediterráneo ¿Qué vamos a hacer con ellos? Este fin de semana la policía de Emmanuel Macron ordenaba desalojar a los que habían acampado en Paris, la mayoría expulsados antes de Calais, como si por el hecho de quitarlos de un espacio tan visible fueran a desaparecer. En Italia desbordan, como antes estuvo desbordada Grecia pero quién se plantea qué podemos hacer con ellos.

ACUERDOS INMORALES

Entre los gobiernos de los países con mas recursos de Europa, la pregunta pasa de largo porque la respuesta hace ya algún tiempo que está decidida. Dejar que otros países, a cambio de múltiples acuerdos, todos ilegales, se encarguen de cerrar la puerta de entradaSellada la de Turquía con miles de millones que durarán el tiempo que el presidente Erdogan considere oportuno, ahora financiamos desde Europa a los guardacostas libios, autenticas milicias que viven de una economía de guerra, y mantenemos los campos de internamiento en donde los abusos van de desde la esclavitud al secuestro o la violación sistemática. 

Mientras tanto la vista se ha empezado a girar hacia las oenegés, para frenar el único impulso que todavía intenta dar una respuesta lógica y salvar la poca dignidad que nos queda intentando sacarlos del mar cuando se ahogan. Si esto es lo que el ministro del interior Juan Ignacio Zoido, - que dudo haya visitado jamás un campo de refugiados- considera que es contribuir a que vengan mas inmigrantes ilegales, bienvenidos sean. Que no se alarmen las oenegés, eso es lo que tienen que hacer. Potenciar el efecto llamada, para dejar bien claro que nos oponemos al efecto asesino al que les condenan nuestros representantes con holgada complacencia.

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